El valor de la humildad

El valor de la humildad

El valor de la humildad

Altagracia Suriel

El paradigma de la soberbia y la extravagancia parece entrar en desuso. Se está poniendo de moda la auténtica humildad.

El papa Francisco marcó la pauta. Se despojó del carro Mercedes y prefirió un Fiat para sus desplazamientos. La cruz de oro usada tradicionalmente por los papas, también se volvió obsoleta frente a la singular cruz de plata con la que decidió marcar la pauta de su pontificado: ser pastor, no príncipe.

El estilo humilde y austero del papa Francisco ha inspirado una nueva era en una iglesia que muchas veces se dejó seducir de la suntuosidad y la rimbombancia.

En las monarquías europeas también la humildad ha empezado a calar. La reina Letizia de España y la duquesa Meghan Markle de Inglaterra, como buenas plebeyas, usan ropa de Sara y de HM de 15 o 20 euros haciendo tendencia en la moda. A lo mejor los costosos vestidos de miles de dólares, ya no se asocien al glamour y a la clase sino la sencillez y la simpatía.

Bill Gate, uno de los hombres más ricos del mundo, fue tuiteado haciendo fila en un Mac Donald esperando su turno para comprar comida en ese establecimiento. Con esta acción, tal vez quiso enviar el mensaje de que ser millonario no implica desconectarse del cumplimiento de las normas sociales y de vivir lo cotidiano.

Pepe Mujica, es hoy uno de los hombres más influyentes de América Latina. Con el paradigma de la humildad, en Uruguay, dejó un legado impresionante en la esfera socioeconómica que incluye la disminución de la pobreza, el crecimiento del empleo y la diversificación energética.

Calificado el mandatario más pobre del mundo, ejerciendo de presidente reiteraba su orgullo de ser un campesino rico por estar libre de todas las ataduras materiales. Quizás por eso hoy es uno de los pocos exmandatarios que en América Latina no están presos por corrupción o huyendo de la justicia.

La humildad está pasando de ser pose a ser praxis política y social. Ya no es la cualidad despreciada de los pobres y desarrapados. Es un imperativo para este mundo hambriento de justicia e igualdad.