Razones para no volver…

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Roberto Marcallé Abreu

Dejo este amigo de mis días universitarios en uno de los hoteles de la zona colonial. Hemos visitado barrios, villas y campos de pueblos del norte, el sur y el este. He notado en su rostro un gesto de tristeza al enterarse del fallecimiento de Damián Jiménez, un compañero muy cercano de aquellos tiempos que ya no volverán.

El amigo reside, desde hace años, en Moscú. Partiría a Rusia al día siguiente. Al despedirse me confiesa, abatido, que ya no piensa regresar a República Dominicana.

Sus palabras, las de una persona afligida, me dejan pensativo. No hemos avanzado, Roberto, dice y añade: Llevo las estadísticas de lo que ocurre y ahora, en este viaje de tres semanas, tuve la oportunidad de actualizarme, de ver y constatar en el terreno de los hechos la realidad. Las opciones a considerar son poco auspiciosas.

En varias ocasiones, durante nuestros reiterados encuentros, me ha insistido en que es poco o nada lo que hemos aprendido de nuestra propia historia.

Miro hacia atrás y trato de convencerlo de algunos logros, sin dejar de mencionar los yerros. Insiste en que ya no le resultan extraños los vicios, los robos, y las mentiras que se repiten de forma sistemática en nuestra media isla. “Siempre es lo mismo”, dice.

“Nos mentimos mirándonos al espejo, y procuramos convencernos de que, alguna vez, nuestro sistema de justicia se aproximará al de un país como los Estados Unidos. Que tendremos cuerpos policiales y de inteligencia que cumplan rigurosamente la labor para la que fueron creados.

Que los fondos públicos se orientarán hacia el bienestar de las mayorías, y se erradique la pobreza, el hambre, la enfermedad y la miseria!”, manifiesta.

“Que se castigará de manera implacable a narcotraficantes, a asesinos de mujeres, a violadores, a pedófilos, a atracadores, a ladrones de los dineros del Estado, los de cuello blanco, a los políticos que hayan incurrido en faltas comprobables. Años van y vienen y todo permanece igual.

¿Cambiaremos alguna vez? ¿Será posible dejar a nuestros hijos y nietos una República Dominicana diferente a esta que nos gastamos? Ya no me lo creo”.
Cita como ejemplo, los gastos en las elecciones.

“El presupuesto general en España para los comicios de este año, incluido el financiamiento de los partidos políticos, era de unos 300 millones de euros, equivalentes a 17 mil millones de pesos, para un electorado que es aproximadamente cuatro veces el electorado dominicano.

De manera que al órgano electoral de España le cuesta unos 8 euros, aproximadamente 450 pesos dominicanos cada potencial voto”.

“En Perú es de 4.54 dólares, unos 230 pesos dominicanos. En Chile es de 4,36 dólares, en Colombia es de 2.04, en Costa Rica es de 3 dólares. En República Dominicana es de 23 dólares…” Me explica que las cifras se las debe al economista Pedro Silverio Álvarez.

“En otros aspectos también mantenemos el liderazgo”, advierte, desconsolado. Se refiere entonces al déficit comercial. “Amarilis Castro Jiménez” puntualiza, “escribió que de enero del 2014 a junio del 2019 este déficit fue de 52 mil 569 millones de dólares.

Las importaciones alcanzaron los 101 mil 315 millones y las exportaciones fueron de 48 mil 746 millones”.

¿Cuál es el estado de lo que llamaríamos nuestra “convivencia social”? se pregunta. “Lucy Asencio, de 35 años, murió en Villa Duarte al ser alcanzada por disparos en el pecho, una pierna, un muslo y el vientre. Eurípides Pérez, de 39 años, fue acusado del crimen.

¿La causa? Un pleito de mujeres que él se tomó como suyo”, responde, mostrando una crónica de Soila Paniagua.

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