Viernes, 22 de marzo, 2019 | 7:23 am

Vivir con fortaleza



La fortaleza es la grandeza interior que nos ayuda a vencer el temor y a evitar la temeridad. Es una de las principales virtudes cuya práctica orienta la razón al bien como valor supremo y absoluto.

La fortaleza es la manifestación del espíritu de Dios en la vida humana que se expresa en lo cotidiano y en lo extraordinario. Refleja la capacidad de superar la adversidad por la fuerza del carácter y la fe.

Es vencer el mal renunciando a sus seducciones de poder, tener o placer eligiendo el bien que asegura la verdadera trascendencia.

Fortaleza es ser ejemplo de honestidad en todos los ambientes, sobre todo en aquellos en los que se suele confundir la integridad con el miedo o la debilidad.

Fortaleza es perseverar en la misión de servicio aunque la fuerza física decaiga o parezca que se está sembrando entre piedras.

Es apostar por una familia unida pese a que la sociedad promueva el individualismo y el divorcio como emancipación y liberación personal.

Fortaleza es mantener la fe viviendo en oración aunque los afanes propios de la existencia y los “atractivos” de este mundo roben el tiempo y la paz.

¿Y cuál la fuente o la razón de una fortaleza duradera?: Jesús. El que nació, murió y resucitó para mostrarnos el camino del bien.

Su palabra es la fuerza de todo el que lo sigue y que se manifiesta en las siguientes certezas:
Jesús está con nosotros: Jesús, en Mateo 28:20, nos dice que Él está con nosotros, todos los días hasta el fin del mundo. Esta convicción ayuda a vivir con alegría y sin miedo, porque Él nos cuida y acompaña. Si Él está con nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31).

Jesús es nuestra paz: vivimos con la promesa de Jesús de dejarnos y darnos la paz que se renueva día a día (Juan 14:27). Nada en el mundo puede dar la paz que da Jesús.

Él nos ayuda a vivir la fortaleza como un don, que, como expresa el papa Francisco, tenemos que pedir al Espíritu Santo para que pueda aliviar nuestro corazón.

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