El público no es tonto



Cuando se hizo la primera edición del periódico EL DÍA, un diario que salió con la duda de cómo podía ser rentable un producto que se elabora para ser regalado, tocó desde el principio establecer con claridad qué debe distinguir a un rotativo.

La verdad fue el valor clave.

Cuando se nos preguntaba que para qué un nuevo diario en un país donde ya en ese momento había muchos periódicos en relación con la población, teníamos muy claro que al país le conviene la proliferación de medios de comunicación periodísticos, porque así la sociedad puede contar con más opciones para informarse.

Estamos convencidos de que cada persona tiene derecho a elegir la vía por la cual ha de buscar su verdad, y mientras más diversidad de fuentes estén a su disposición, más libre será su decisión.

Es ingenuo pretender que el público no se da cuenta cuando un medio que brinda información lo hace de manera honesta o no; o cuando desde un medio periodístico se hace periodismo de la manera correcta.

Cada vez es más preocupante, para los que ejercen el periodismo, la cantidad de personas que utilizan medios de comunicación para divulgar informaciones falsas o incompletas con la intención de moldear a su manera el sentimiento de la opinión pública.

Esas son prácticas muy viejas, pero se potencializan en estos tiempos de la posmodernidad por el surgimiento de nuevas formas de comunicarse.

Pero el público no es tonto y finalmente termina pasándoles factura a quienes utilizan esas prácticas.

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