Bosch, calumnia y asesinato

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“He pensado siempre que el que mata es más hombre que el que calumnia, porque arriesga algo a cambio de quitarle la vida a un semejante. Hay un ser físico compuesto de carne, huesos, sangre; y el que lo destruye es un asesino.

Pero ese ser físico contiene moral, y así lo consideraban el Fuero Juzgo y las Partidas, que penaban una calumnia con la muerte deshonrosa en la horca”.

Así escribió Juan Bosch en febrero de 1964 para quejarse de declaraciones en su contra luego del golpe de Estado, en las que se hacían señalamientos tales como “el señor Bosch es un delincuente común” o que su Gobierno “era corrupto”.

Se quejaba Bosch de que los periódicos de la época publicaran esas declaraciones.

En esa oportunidad Rafael Herrera Cabral respondió a la queja de Bosch señalando que “la calumnia requiere dos elementos: la difusión de la calumnia y la aceptación de la calumnia”.

Si le tocara vivir en esta época, Bosch tendría muchos motivos para morir de un infarto, desde ver cómo sus discípulos practican la política, hasta ver lo fácil que se difunden afirmaciones peores a las que en esa oportunidad provocaron su queja, y lo fácil que logran aceptación.

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