Viernes, 15 de febrero, 2019 | 8:21 am

Conflictos entre personas mediadoras (Parte I)



Tras hermosos y buenos comentarios de personas lectoras de Conflictos y Mediaciones de la pasada columna, trataré en esta ocasión de aportar otros puntos de vista en relación a este tema.

Expresaba, que la persona mediadora como tal está expuesta a sostener conflictos con sus pares, pero además, con otras relacionada. No puede en ningún momento evitar situaciones de confrontación ante temas de interés de su profesión, la Mediación o de su persona.

Encontrándome en estos mismos instantes con mediadores de los 5 continentes que componen el mundo terráqueo (XIV Congreso Mundial de Mediación y Cultura de Paz, Argentina 2018), (cuando la escribí); observo la manera de comunicarse, como las personas mediadoras plantean posturas con respeto, pero a la vez disidente.

Cosa que no debe sorprender a nadie. Claro, estamos en un mundo en donde las ideas son debatibles, hasta lo que estoy expresando en este mismo momento a las personas seguidoras de Conflictos y Mediaciones. Nada se encuentra exento de la conflictividad. Pero qué bueno que es así, sino en que mundo viviríamos, estaríamos aburridos, al “borde de la locura” si no ocurriera la dinámica del conflicto.

La verdad que el dinamismo de la humanidad, nos hace persona que aun dentro de una variada diversidad, convivimos en medio de crisis económica, política, de guerras, necesidades (desempleo, acceso a la salud, educación, a la vivienda, e igualdad de oportunidades para todos).

Desde ese punto de vista, entiendo que el conflicto en la persona mediadora deberíamos de verlo como la cotidianidad de nuestra labor en un Centro de Mediación público, privado, comunitario, vecinal, familiar, empresarial, político, académico y de la llamada sociedad civil.

El conflicto no puede distanciar a las personas mediadoras de sus pares, es todo lo contrario, debería unirlos y que a través de la cooperación, negociación, el advenimiento, consensual las diferencias; para que esa manera proyectar el impacto que reconocemos en las clínicas de casos de mediación, como una satisfacción de contribuir a la convivencia de una familia, comunidad y el entorno del contexto del individuo.

La persona mediadora no puede estar marcada con sentimientos que no tienen sentido para la dinámica de su trabajo y para sí. Cuando hablo de sentimiento no me refiero a los sentimientos, por Dios, no. Hablo de los sentimientos que separan a las personas de otra. Cuando debería ser todo lo contrario, las personas mediadoras somos un puente entre personas en conflictos. Debería ser para nosotros.

Veo bien en estas ocasiones, aplicar la técnica del olvido. No pasó nada, apliquemos el método de las personas menores de edad (NNA), ellas pelean, se disgustan y segundos después todo anda como si nada entre ellos.

En mi caso, prefiero manejar el conflicto como niño, en donde nunca mi sonrisa se apague, en donde ella permita a las personas que me tocan, hablan y observan; manera continua mantengo la profesión de persona mediadora, aun en los momentos más difíciles de mi existencia.

Posiblemente continuare con este tema en otra ocasión, según continúen realizando sus comentarios las personas lectoras de Conflictos y Mediaciones, columna periodista de la República Dominicana y del mundo, que aunque otra personas expresen lo contrario, todo está globalizado, aun la paz.

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