Invasión haitiana



La clase política dominicana, con toda la andanada mediática, vuelve a acordarse de lo que llama “invasión haitiana”. Para ponerle sazón, nos hablan del “plan de fusión” y la “conspiración internacional”.

En vez de asumir su responsabilidad y apuntar a las causas de fondo, agitan las pasiones y exacerban la violencia ¿No podían hacer otra cosa?

Pongamos en orden los hechos.
De los inmigrantes haitianos contabilizados en 2012, el 75 % llegó entre 1990 y 2009, esto es bajo gobiernos de Balaguer y el PRSC, de Leonel Fernández, PLD y la FNP, y de Hipólito Mejía y el PRD, hoy PRM. La siguiente gran ola migratoria vino a raíz del terremoto.

¿Llegaron los haitianos por sorpresa, con un plan secreto y de forma violenta? Para nada: llegaron fruto de crisis políticas y económicas conocidas, que dejaron el PIB per cápita de Haití en 500 dólares, mientras en República Dominicana aumentó de 1,327 a 4,952 dólares. Con el terremoto de 2010 la situación empeoró y mientras el PIB dominicano creció en +6,8 %, el haitiano se destruyó en -6,8 %.

En todos los lugares la migración haitiana creció: en un lugar lejano como Chile aumentó 8 veces.

Simultáneamente con el proceso de destrucción económica y política de Haití -bajo el yugo de las políticas de Estados Unidos y Francia- en RD se liquidaron los ingenios azucareros. Más migrantes llegaron, y los que ya estaban salieron de los cañaverales a sobrevivir en las ciudades.

Pero parece que ninguno de nuestros políticos nacionalistas pudo darse cuenta ni tomar medidas lógicas al respecto.
En cuanto a la seguridad fronteriza, el mejor parámetro es el presupuesto asignado al Cesfront.

En 2011 el Cuerpo Especializado de Seguridad del Metro (CESM) contaba con un presupuesto de 109 millones de pesos, mientras el Cesfront apenas contaba con 77 millones de pesos. Hasta 2015, el presupuesto del CESM siguió siendo más alto que el del Cesfront, al que solo correspondía el 1.15 % del presupuesto del Ministerio de Defensa.

Tampoco los políticos que hoy claman por la patria parecieron enterarse de que en las provincias de la frontera la miseria es insoportable para cualquier dominicano. Según se publicó en 2014, la tasa de pobreza fronteriza es pavorosa: Elías Piña, 83.2 %; Pedernales, 74.6 %; Bahoruco, 74.5 %; Independencia, 72.9 %; Barahona, 65,2 %; Montecristi, 61.3 % y en Dajabón, 53.9 %.

Por último, se asombran porque más obreros haitianos trabajen en agricultura y construcción.

Pero ¿quiénes han fijado el salario en esos sectores, los haitianos, la comunidad internacional? Un jornalero del campo cobra 7,200 pesos al mes; un obrero de construcción apenas 12 mil. ¿Qué dominicano desea vivir así? La clase política no ha reclamado ni en sueños por este abuso salarial.

En fin, todo parece indicar que lo más rentable para nuestros políticos ha sido trabajar muy poco para cambiar la situación institucional, social y laboral del país e impedir una crisis migratoria.

En cambio, hablar de “invasión” y del “plan de fusión” sale más en la prensa, rueda más en redes sociales y tal vez rinde más en votos.

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