Delincuencia y paranoia social



El miedo, la desconfianza y la incertidumbre se han apoderado de nuestra sociedad. La delincuencia y la inseguridad constituyen hoy las mayores causas de preocupación de la ciudadanía.

Actualmente se reducen los vínculos e interacciones sociales, crece la suspicacia con desconocidos y aun con conocidos, y es muy probable que esté disminuyendo la apertura hacia las iniciativas financieras, comerciales y culturales.

Esta es la realidad y en nada contribuye con el país que el actual director de la Policía Nacional diga que en la República Dominicana disminuyen los actos delincuenciales.

La delincuencia sigue su agitado curso y no hay razón ni disposición nueva de envergadura para que no sea así.

La delincuencia se ha agravado y ha integrado nuevas caracterizaciones. Por ejemplo, ha incorporado una disposición abierta a matar, siempre se realiza en base a arma de fuego (ya pasó el tiempo en que se usaban armas “blanca”), el o los delincuentes siempre circulan en un vehículo de motor, en su mayoría son pertenecientes al grupo de adultos jóvenes y hasta de menores, sus víctimas pueden ser desde una joven adolescente hasta una persona envejeciente, y sus blancos por excelencia parecen ser adultos de avanzada edad alojados en sus residencias.

Una racionalización importante para sus acciones es que “si los de arriba lo hacen, porqué ellos no”.

Aquí está presente el rol que juega en la reproducción de este fenómeno el “efecto demostración”, el papel del ejemplo.

Además de lo anterior, en el país no avanzamos, por más que se quiera hacer creer lo contrario, hacia la disminución de la pobreza y la desigualdad.

Enfrentar estas condiciones es, a nuestro juicio, un aspecto central que ninguna estrategia de combate a la delincuencia puede dejar de priorizar.

La educación, tanto formal como informal, también es otro aspecto fundamental. Y lo es además, la cuestión del desarme de una población que como se dice está “armada hasta los dientes”.

Creo y propongo una campaña nacional de desarme por etapa, diferenciadas en el tiempo, hasta que se haya logrado sus objetivos: 1.º. Recoger todas las armas poseídas ilegalmente, 2.º.

Permitir tenencia, no porte, de armas legales y, 3.º. Reducir la tenencia de armas legales hasta las absolutamente justificadas.

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