Vivir aprendiendo

Vivir aprendiendo

Vivir aprendiendo

Lady Reyes, directora de Encuentros Interactivos.

Todos damos por sentado que vivimos aprendiendo, que cada paso que damos es un aprendizaje y que cada experiencia nos deja valiosas lecciones.

Eso, en teoría, es un imperdible. Muchas veces nos aferramos a esa máxima para convencernos de que recibimos y aceptamos cada enseñanza de lo que hacemos.

Guardamos en nuestra caja de Pandora cada acción o personas que nos marcan, como recuerdo de lo bueno que hay que recordar y lo malo que no debemos repetir.

La realidad es que, en la práctica, sesgamos esos aprendizajes.
Una gran parte del tiempo valoramos el aprendizaje desde nuestras limitaciones, ego y emociones, como seres humanos que somos. Pero, algunas veces, son parámetros de evaluación peligrosos que crean un espacio para etiquetar experiencias dolorosas, algunas de manera consciente y otras inconscientemente.

En esos profundos rincones del interior, al guardarlo desde el dolor, bloqueamos el verdadero aprendizaje. Y, aunque nos convencemos de lo contrario, lo que estamos es guardando factura para, en un futuro, pasarla y cobrar.
Nos decimos: “no guardo rencor” o “yo perdono, pero no olvido”.

En pocas palabras, no sanamos ni mucho menos aprendemos. Sabemos que no es tan fácil, como se pudiera escribir o recomendar, ver lo que nos pasa con sangre fría y valorar lo positivo o negativo, para luego asumir el aprendizaje, realmente es sumamente difícil, sin embargo, no es imposible.

El primer paso es ser -cien por ciento sinceros- con nosotros mismos, pero realmente sinceros. Aceptar que nos duele y sentir el dolor, tomarnos nuestro tiempo. No avanzamos cuando nos mentimos y mentimos a los demás. Siempre lo he escrito, todo empieza en nosotros, desde nuestro interior.

Después de aceptar que nos duele, pasa como cuando pierdes a alguien querido, el tiempo y nuestra decisión personal de avanzar, mejorar y crecer, logran hacer su trabajo: no olvidas y puedes recordarlo de vez en cuando, pero ya no lo ves desde el dolor, resentimiento y miedo… lo aceptas y sigues caminando hasta la siguiente estación de aprendizaje.

Todos los días se aprende algo nuevo. La vida es así: caemos, nos levantamos y seguimos.



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