Lo correcto

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Un gran debate. Qué es o no es correcto. En tiempos donde la línea divisoria se ha vuelto tan delgada, a conveniencia de nuestras necesidades, es más difícil para las nuevas generaciones definir lo que es correcto. Sobre todo, porque ven como otros flexibilizan las reglas para hacer o lograr sus deseos.

Si le agregamos a esto que un mismo hecho puede ser considerado correcto por unos y por otros no, el abanico de opciones es mayor para escudarnos en una maraña de justificaciones. Y así ha orbitado la sociedad actual. Entre teorías y realidades, pues una cosa es lo que dicen y piden a los demás y otra lo que hacen.

Esto es lamentable.
Muchos respaldan sus acciones en el mal sistémico, en el sentido de la oportunidad, comparando lo que hacen con lo malo que otros hacen.

Y ahí llega la justificación “es la costumbre, no está prohibido, es una práctica común”.
Otros, sin embargo, pueden pensar que no se puede hacer distinto porque siguen órdenes o las situaciones le obligaron; mientras que algunos -no muchos- se inclinan por lo avalado por la ley, la moral y la ética.

En fin, todos se amparan en lo aprendido de su modelo familiar, de su círculo de amigos y de la misma sociedad.
Es importante que entendamos que lo correcto es ser fiel a uno mismo. Es el lugar donde las decisiones nos producen satisfacción.

Lo correcto es aquello que no causa inquietud, dolor o culpabilidad. Lo correcto no conduce a la mentira, al engaño ni nos mantiene en pánico.

Y es como afirmó el Dalai Lama: “Cuando una persona realiza lo correcto no hace la diferencia, es la diferencia”. Todos sabemos qué es lo correcto.

Lo sabemos desde niños. O por lo menos quiero creer que los padres han cumplido con su labor de guía.

Este es un sentimiento tan natural en la misma consciencia. Entonces, por qué no empezamos a actuar correctamente, aunque sea lo más difícil que tengamos que hacer.
La primera vez será difícil. Las siguientes darán forma a la persona que queremos ser.

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