Miércoles, 22 de mayo, 2019 | 5:54 am

Calificación riesgo país



La calificación del riesgo relativo de un país es un proceso de medición que realizan una serie de empresas de reconocido prestigio y que les sirve a inversionistas, prestatarios y otros interesados para conocer las conveniencias o no de realizar actividades en dicho país.

Para estos fines, las empresas calificadoras utilizan una serie de indicadores y datos que, aun cuando la metodología de cada empresa difiere de la otra, se parecen bastante, y con resultados similares.

Recientemente nos llegó a nuestras manos una de dichas calificaciones, la cual pretende presentar el nivel de riesgo actual de nuestro país.

Mediante la utilización de factores objetivos y subjetivos se construye un modelo en base a diferentes puntuaciones, los cuales son ponderados a fin de producir la calificación manifestada.

Entre los factores considerados están los resultados macroeconómicos, como crecimiento del producto interno bruto, inflación y volatilidad: los resultados de las finanzas públicas como déficit fiscal, niveles de deuda interna y externa, y pago de intereses.

También se ponderan factores externos, como reservas internacionales, dependencia de la estructura de exportaciones y servicio de la deuda; y factores estructurales como la gobernanza, participación en la economía global e historia del cumplimiento de las obligaciones.

Los factores anteriormente descritos se evalúan con otro conjunto, esta vez subjetivos, como el del riesgo político, sostenibilidad del endeudamiento, rigidez fiscal y marco institucional, entre otros, para la determinación de una puntuación.

Este resultado es cotejado de acuerdo a una escala de medición y puntuaciones, para producir el resultado final.

La calificación citada le concede a nuestro país una puntuación que nos coloca con similares de Bolivia, Grecia, Brasil y Turquía.

Esto es, una nación con potencial, pero aun sumida en factores que nos determinan como emergentes.

Este contraste entre lo que nos consideran estas agencias calificadoras y nuestra propia autoevaluación debe ser objeto permanente de atención de la clase política, responsable final de la calificación de que somos objeto.

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