Un caso para reflexionar



Un sacerdote ha confesado haber matado a un menor y ha dicho que el detonante de ese hecho fue su reacción violenta ante la frecuente solicitud de dinero por parte del hoy fenecido bajo la amenaza de revelar la relación íntima entre ambos.

El hecho consterna porque, además de que se ha perdido una vida, pone de manifiesto muchas acciones que dañan a nuestros menores.

Las estadísticas indican que la gran mayoría de los abusos sexuales contra menores los comenten personas de confianza y hasta del entorno familiar, pero aun sabiendo eso se hace poco para protegerlos.

Tomando como válida esa afirmación de quien ha confesado el hecho de sangre, podemos destacar varias aristas, de las cuales solo citaremos algunas.

Ese menor era víctima de abuso sexual desde hace varios años por parte de una persona de confianza, en el entorno familiar alguien debía saber o sospechar de la situación y no hizo nada para detenerla, algún adulto tenía conocimiento de que el menor recibía importantes sumas de dinero por parte de su agresor y callaba, si no es que se beneficiaba.

En cada caso señalado hay una acción criminal.

El Ministerio Público ha dicho que contempla someter a la Justicia a quienes pudieran haberse lucrado por guardar silencio de esa situación a la que estaba sometida desde hace varios años la víctima.

Los menores requieren una protección especial tanto de sus familiares como del Estado.
Ha sido una muerte lamentable y lo más doloroso es que pudo haberse evitado.

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