Martes, 21 de agosto, 2018 | 8:38 am

Mujeres de Abril del 1965, conexión anticolonialista y anti imperialista



Las mujeres de Revolución de Abril del 1965 son un producto del contexto político de principio del siglo XX, y como aprendizaje y proceso, nos conectan con aquellas de la resistencia del 1916-1924 y las luchas de la primera República.

La presente reflexión es y será válida siempre que sea además de reconocer la participación de la  mujeres en la Revolución de Abril del 1965, también para rescatar heroínas anónimas, las de las masas sin “frontera”, aquellas que probablemente sus nombres no aparecerán escritos en letras de molde como diría Vladimir Lenin; o aquellas de rostros fotografiados o filmados y sin identificar en los anales de la historia. ¡Pese a que estaban allí!

Mi admiración, respeto y casi veneración a heroínas y héroes anónimos, quienes tienen el mérito histórico y revolucionario más importante: el de estar presentes. Dispuestos a dar, sin rangos ni estrellitas.

Su voluntad política, sacrifico, renuncia, de compromiso con el ideal de cambio y libertario en una determinas circunstancias le reserva un lugar en la historia. Es lo que ocurrió con Senen Sosa, obrero del barrio Villa Francisca que con dignidad y patriotismo, puños cerrados y en señal de ataque desafió al invasor soldado yanqui. Aquel momento quedo inmortalizado gracias al lente de Juan Pérez Terrero, que lo logró porque también estaba presente. Lo más importante.

Otro ejemplo histórico, Gladys Borrel -La Coronela- y no porque tuviese el rango en ninguna institución militar o policial. Margarita Cordero,   en Mujeres de Abril  (1985) la describe como tantos que la vieron con los ojos de su cara:

Una mujer color caoba que el 24 de Abril estaba tirada a la calle y el 25 de Abril tirando plomo en la cabeza del puente Duarte y sus alrededores (…) una de las tantas mujeres del pueblo llano, que con apenas veinticinco años, descalza, desgreñada, con los ojos del color de la noche y con un fusil FAL en el pecho, que le había regalado el capitán Mario Peña Taveras; en el fragor de las metrallas. Ella, Gladys Borrel, dirigiendo una multitud armadas con bombas molotov, piedras, machetes y garrotes desafiando las metrallas de la aviación genocida; ellos sin entrenamiento militar se enfrentaban a los tanques, los cañones, las bombas y los miles de soldados del CEFA”.

Cuentan que Borrel sacudió el ánimo del Coronel Francisco Alberto Caamaño, que pasando cerca de ella con otros soldados le gritó ella a él “¡Van a dejar que nos maten ¡Coño!” a lo que Caamaño respondió “¡A su orden Coronela!”.

Salvo excepciones, los héroes y heroínas anónimas siempre son de abajo, de la clase obrera y otros sectores oprimidos, de los marginados en la cotidianidad que día se bañan en sudor por trabajo duro y mal pagado. Sin embargo, suelen ser los del clímax de las luchas políticas, sociales y de masas. La garantía de permanencia del liderazgo reconocido.

¿Por qué la historiografía machista y patriarcal cuando se trata de la participación de las mujeres en la revolución hace del campo de batalla una extensión del ambiente domestico y nos reducen a cuidadoras de puertas  y heridos, preparadoras de vendajes, sabanas y alimentos, mensajeras, bordadoras de banderas, esposas, tías, hijas, hermanas de…?

En los procesos revolucionarios cada misión es digna. Exigimos vernos analizadas como protagonistas, planificadoras, no como sujetas pasivas o “de muestra gratis”.

El relato de la historia no es neutral. Sus métodos de análisis tienen un sello de clase y una carga ideológica. El cómo se investigue y relaten los acontecimientos puede convertir en héroes a  villanos, y viceversa y explicar porque a las mujeres, al campesinado, a los de a pie  y demás oprimidos que participan en los procesos políticos, nos dejan fuera de los contextos analizados.

¡Basta!

 

Virtudes Álvarez

Publicidad