Martes, 13 de noviembre, 2018 | 10:45 am

Matar para vestir



El asesino de la joven señora que atendía una joyería en la calle El Conde, Henry D. Lorenzo Ortiz, al ser capturado declaró que robó y mató para comprar ropas y tenis. Esta declaración habla con entera nitidez de la pérdida de sensibilidad humana por parte de individuos adultos jóvenes y nos habla de qué tan bajo anda para ciertas personas el rango o el valor que otorgan a la vida humana.

Matar para vestir es sencillamente una muy penosa expresión de la deformación mental, espiritual y moral de individuos con los que compartimos el espacio social. Igual se puede decir de otra conducta que siguió al asesinato respecto a salir a compartir tragos con algunos amigos.

Esto guarda un paralelismo con el comportamiento asumido por el residente en el km. 9 de la avenida Independencia, que mató a 3 niños y a su esposa y luego salió con una amiga a la playa de Boca Chica.

Estamos pues ante criminales que bien pueden ser tipificados por su cinismo, su desfachatez y su sangre fría. Como sociólogo busco explicar estos hechos, así como muchos otros de características parecidas, tratando de establecer los elementos del contexto social que pueden incidir en su determinación. A los especialistas de otras áreas de la realidad dejo el abordaje de otros aspectos.

La pobreza no es una buena condición, pero hay millones y millones de pobres que nunca se comportarían como lo hemos visto más arriba. Por esto, si bien la pobreza es una situación de riesgo, no es esta la causa eficiente del fenómeno. En todo caso un pobre, y más aún un individuo en pobreza extrema no mataría para vestir, lo podría hacer para comer.

Más que la pobreza, la desigualdad extrema en el seno de nuestra sociedad es el elemento que induce a la violencia y al delito. Cuando un individuo se percibe parte de un conglomerado en que una minoría lo tiene todo y una mayoría (de la que él forma parte) tiene muy poco o nada, siente una enorme frustración. Tal frustración es mayor, y de impredecibles consecuencias, si ese individuo ha sido “ganado” por el “mundo-consumo”, y peor aun, si tiene como caldo de cultivo un pésimo ejemplo político, económico y moral “de los de arriba”, una familia desestructurada, una educación precaria e instrumentos mediáticos que promueven una publicidad que alimenta la idea en algunos barrios de que “quien no viste bien, quien no tiene un celular ‘pesao’ está atrás”, tal como lo señala el amigo German Marte en su último artículo en este diario EL DÍA.

Se me agota el espacio, solo me da para decir que tenemos que cambiar ahora el curso que llevamos antes de llegar a un punto sin retorno.

Celedonio Jiménez

Publicidad