Duarte nunca fue racista; precisiones históricas ante un posible desatino



Una noticia preocupante me obliga a sustraerme, muy a mi pesar, del tema cuyo tratamiento iniciáramos la pasada semana en torno al resurgimiento del debate sobre la presencia de los restos de Santana en el Panteón de la Patria.

Y es que conforme se ha reseñado profusamente en la prensa de estos días, la Alcaldía de Nueva York y su alcalde Bill de Blasio ha designado una Comisión de técnicos y personalidades con el propósito de evaluar la pertinencia o no de la permanencia en la ciudad de los monumentos y estatuas erigidos a la fecha.

Conforme las motivaciones esbozadas, serian eliminadas de las propiedades públicas aquellas estatuas  que “…sugieren odio, división, racismo, antisemitismo o que son contrarias a los valores de la ciudad”.

Entre las que serían objeto de evaluación estarían las erigidas para preservar la memoria del padre fundador de la República Dominicana Juan Pablo Duarte.

Imprecisas son aun las informaciones referentes a si  grupos minoritarios de fanatizados haitianofilos residentes en Nueva York abogan por la materialización de la desatinada medida antes indicada como tampoco se sabe a ciencia cierta si otros intereses oscuros atizan el fuego en la ocasión para pescar el río revuelto y abonar a la tirantez entre las  dos naciones que comparten la isla de Santo Domingo.

Dado que muchas veces la historia  se ha utilizado y se utiliza como “arma política” con la que se pretende manipular de forma aviesa las conciencias de un determinado colectivo humano para enfrentarlo contra otro, es preciso salir al paso de posibles aberraciones históricas, sin importar de donde provengan, dado que las mismas-  de no ser desenmascaradas a tiempo y con el debido rigor intelectual- pueden devenir en fértil caldo de cultivo para abonar al desencuentro, el odio, la malquerencia y la intolerancia.

Quienes pretenden endilgar a nuestro Padre de la Patria el sambenito de racista podrían intentar manipular los datos históricos argumentando  que fue él  quien concibió  nuestra separación definitiva de Haití quien nos mantuvo sojuzgados durante 22 años de pesarosa ocupación, desconociendo nuestro sagrado derecho a la autodeterminación y la libertad.

Es bueno que se sepa en Estados Unidos y el mundo: ¡nuestro Duarte no fue racista! Y es bueno que lo tengan presente aquellos que ignoren nuestra historia realmente o  conociéndola pretenden retorcerla en reprobable actitud de mala fe.

Saludable es recomendar siempre la lectura de  “Apuntes para la Historia de la Isla de Santo Domingo y para la Biografía del General Dominicano Juan Pablo Duarte y Díez”  escrito por su hermana Rosa Duarte”, texto fundamental, conforme lo reseñara el notable historiador dominicano Alcides García Lluberes- hijo meritísimo del Padre de la historiografía nacional Don José Gabriel García- para conocer el sus aspectos fundamentales la vida y el pensamiento de nuestro patricio.

Consigna Rosa Duarte,  al referirse a  la Trinitaria, que cuando a las once de la mañana del  16 de Julio de 1838, bajo el lema sacrosanto de Dios, Patria y Libertad los jóvenes patriotas se reunieron convocados por Duarte para constituirla y, de este modo, sentar formalmente las bases ideológicas y políticas de nuestra futura autodeterminación, dejaron claramente establecido que en nuestro naciente estado la ley “ no reconocía mas vileza que la del vicio, ni más nobleza que la de la virtud, ni más aristocracia que la del talento, quedando para siempre abolida la aristocracia de la sangre como contraria a la UNIDAD DE RAZA, que es uno de los principios fundamentales de nuestra asociación política”.

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