Viernes, 24 de mayo, 2019 | 9:22 am

Preocupa la Iglesia católica



Añoraba que llegara la Semana Santa. Necesitaba una pausa, para no escuchar tanto los líderes políticos hablando de gobierno, leyes, corrupción, de temas esgrimidos con demagogia, inquietando el alma; necesitaba con urgencia, descansar, reflexionar, oír de soluciones para combatir los males, basadas en principios cristianos; que hablaran de Dios, de Jesucristo; que la Iglesia católica lanzara bálsamo de agua fresca por doquier, que serenaran el espíritu, despertando fe y esperanza.

Era necesario recordar a los ambiciosos y envidiosos que Dios envió su hijo a salvar la humanidad; que Jesús vivía con humildad; que lo material termina, que las huellas imborrables son de amor, paz espiritual; que la clave de la felicidad está al alcance de todos, “ama al prójimo como a ti mismo”.

En Semana Santa esperaba que los dirigentes de la Iglesia católica llevaran luces y esperanzas; que no se limitaran a destacar males, sino soluciones, como lo están combatiendo, que rindieran cuenta de ¡sus hechos! de lo que lograron siguiendo el modelo de Jesús, siendo instrumento de paz y amor; que explicaran como penetran en el alma del pueblo y del Estado para que no se desvíen del plan divino, del camino a Dios.

Los principios cristianos son enseñanzas de amor, coraje y justicia social, dirigidas a ricos y pobres, gobierno y oposición.

La Semana Santa es para recordar “la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús”. La Iglesia debe aprovecharla, no solo para destacar antivalores, sino para rendir cuentas de sus esfuerzos por combatirlos en las instituciones, en la sociedad.

Lamentablemente en el país parecería que la Iglesia ha perdido el rumbo. La plataforma de la Semana Santa y de las Siete Palabras la utilizan para cual partido político de oposición, hacer denuncias de problemas, pero no hablan de cómo se acercaron al Estado para erradicarlos ni como acompañan al pueblo para motivarlo a no desmayar.

La idea no es que estén denunciando y actuando de manera burocrática, rutinaria, para exhibir poder, sino usarlo para ayudar al bien común ¡dinamizarse! Y sin miedo, como Jesús, enseñar con el ejemplo y acompañar al pueblo en sus justos reclamos.

Solo así, lograremos paz, justicia social, democracia. Una vez, un cardenal dijo “debajo de esta sotana, hay un hombre”. Hoy la actitud de algunos religiosos parece decir “debajo de esta sotana hay un político partidista”.

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