Abrumadora recomposición del liderazgo nacional

Abrumadora recomposición del liderazgo nacional

Abrumadora recomposición  del liderazgo nacional

Roberto Marcallé Abreu

Una desprejuiciada y serena meditación sobre el destino de las organizaciones políticas y su aceptación a partir de los venideros comicios de mayo arroja una indiscutible y dramática conclusión: estamos a las puertas de un cambio radical y abrumador en el mapa político dominicano.

La esperanza del ciudadano es que, por fin, demos paso a un régimen de consecuencias sin absurdas limitaciones.
Tras los próximos comicios, los dominicanos seremos testigos del principio del fin de una forma de conducir los asuntos públicos que ha predominado desde el 1961 hasta nuestros días, aunque procede manifestar que ese estado de cosas se ha reducido durante la presidencia de Luis Abinader.

El principio del fin inició con el triunfo abrumador del ejecutivo hace cuatro años y la inauguración de una práctica administrativa normada por los principios y de cara (no de espaldas) a las aspiraciones de la sociedad en su conjunto. La mayor y mejor prueba fue la selección de los actuales incumbentes del Ministerio Público.

Desde ya pueden establecerse los lineamientos generales de la radical transformación a que estamos abocados: indeclinable modernización del Estado y sus instituciones de forma que el proceder de los funcionarios se subordine rigurosamente al escrutinio público. Todo el que viole las leyes será cancelado y sometido a los tribunales.
Hace años que la sociedad dominicana ha estado demandando un proceder de esa naturaleza. Y el presidente Abinader ha actuado en consecuencia. De no haber correspondido a esa generalizada petición el país hubiera terminado por desaparecer. Estamos abocados a un presente y un porvenir controlados por programas inteligentes que harán menos que imposible que se reproduzcan de manera secreta e impune las indelicadezas y perversiones de otros tiempos.
El futuro estará integrado por variables destinadas a elevar los niveles y compromisos sociales tales como la decencia, el respeto, el trabajo enaltecedor, el progreso sobre bases firmes, la preservación de valores por los que hemos luchado desde hace siglos, encarnados en las vidas y sacrificios de nuestros héroes nacionales. El gobierno encabezado por el presidente Abinader ha dado ejemplos de intolerancia ante las prácticas deleznables. El flagelo de la corrupción y el enriquecimiento ilícito han sido combatidos sin tregua. Ahora, las tareas están orientadas a la profilaxis social, al progreso sostenido de nuestros sectores más vulnerables, a modernizar las instituciones y al reconocimiento del ciudadano cumplidor de sus deberes y responsabilidades.

Vivimos en una sociedad en evolución permanente. Ahora, cuanto se requiere es un ciudadano responsable, honrado, desprendido, cumplidor de sus deberes, amante de su patria y comprometido con su país y su pueblo.
Despacio, el pasado de depredaciones, robos, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito y vínculos íntimos e institucionales con prácticas antisociales ha ido quedando atrás.