Martes, 25 de septiembre, 2018 | 1:51 am

Un nuevo modelo de liderazgo político



(Este escrito lo hice mientras corría en la madrugada, con la herramienta de dictado del celular. Dicen, y creo que es verdad, que hacer ejercicio intenso activa el cerebro. Me llegó ese tema y no pude esperar estar en casa para plasmarlo. Espero les guste).

El nuevo modelo de liderazgo debe basarse no en el simple carisma o retórica, sino en el ejemplo. Identificarse sinceramente con la realidad de quienes se pretende representar.

Ya no basta ser simpático, hablar fuerte o bonito.

Los valores morales de esos líderes nuevos no deben estar en el sustantivo de las palabras, sino el verbo de sus acciones. Deben hacer de su vida una caja de cristal, donde se puedan ver no solo sus discursos a las multitudes o sus presentaciones televisivas, sino también sus acciones del día a día.

En esas pequeñas cosas están las grandes diferencias. El rol del nuevo líder, más que dirigir, es orientar y acompañar. Interpretar los deseos de la población, y ayudarles a materializarlos. Más que hablar, debe escuchar, para que cuando hable sea la voz de su pueblo.

Como me comentó una amiga: “Nos perdemos en el hecho de ver en un líder a alguien con más derechos y privilegios que responsabilidades, cuando debería ser lo contrario”.

Esos nuevos líderes no solamente deben tener buenas propuestas, deben inspirar la confianza de que esas propuestas serán materializadas.

Por buena que sea una campaña publicitaria, si el producto no es bueno, no tendrá mucho éxito. Las estrategias científicas del “marketing” político deben aplicarse sobre sujetos que satisfagan el mercado electoral.

Sin duda la era de la información y la revolución comunicativa avanza más rápido que la capacidad de adaptación de los actores políticos tradicionales.

Eso les ha dejado con viejas herramientas en un mundo nuevo, dando ventajas a nuevos actores.

Lo que se avecina no es un simple relevo generacional, que solo implica una generación más joven haciendo lo mismo.

Estamos a las puertas de un cambio político, que poco tiene que ver con la edad, más bien con el tipo de prácticas, métodos y objetivos.

Si alguna vez en nuestra historia hubo condiciones excepcionales para un cambio en el escenario político, y el surgimiento de nuevos actores desconectados de las viejas prácticas… es ahora.

Las condiciones están dadas; solo falta que den un paso al frente quienes estén dispuesto a asumir ese reto. ¡Adelante!

Claudio Caamaño Vélez

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