Martes, 14 de agosto, 2018 | 10:56 pm

Techos para las letrinas



El caricaturista de este diario, a través de la sección “Carrusel de la vida”, dio otra muestra de ingeniosidad al exponer una caricatura al día siguiente de la inauguración de los teleféricos, en la que un hombre de nuestras maltrechas barriadas le dice a su mujer que tendrán que “ponerle techo a la letrina” (porque desde el teleférico, con su “vuelo bajito”, se verá todo).

Lo de la estampa es una gran ocurrencia de humor, pero traduce, al mismo tiempo, la dura realidad de la pobreza y del “desarrollo desigual” en nuestra sociedad.

La conjunción de teleféricos y letrinas hace pensar en las tan criticadas, décadas atrás, macrocefalias latinoamericanas, expresadas en sociedades con ciudades y con espacios sobredesarrollados, coexistentes con poblaciones, comarcas y territorios sumidos en el mayor atraso y la más alarmante pobreza.

Esa conjunción hace pensar en la irracionalidad, porque eso y no otra cosa es que tengamos barrios donde no hay agua potable, donde no hay servicios de energía eléctrica regular, donde no hay calles bien asfaltadas, donde no hay empleo, en que hay letrinas sin techo, ¡pero donde hay teleférico!

Lo del teleférico me hace recordar algo que me llamaba la atención cuando viajaba, a finales de los años 80, al Centro Universitario Regional del Suroeste (Curso), a impartir docencia, y en que, en el trayecto desde donde me alojaba hasta el centro, observaba una vivienda en la calle Nuestra Señora del Rosario, de madera, desvencijada, pero en su interior resaltaban muebles y equipos del más alto confort.

Lo del teleférico entraña una gran paradoja. En Santo Domingo, capital de la República, apenas unos pocos años atrás un 6.3 % de su población usaba letrinas como medio para emitir sus excretas. De estos, unos las usaban privadas, con cajón o sin cajón, y otros las usaban compartidas, con cajón o sin cajón (Encuesta Hogar 2009-2010, Oficina Nacional de Estadística, ONE).

Pero no hay que ir años atrás ni a barriadas extremadamente carenciadas, hoy pueden localizarse letrinas en espacios emblemáticos como Ciudad Nueva y como la Zona Colonial, donde se han hecho amplios trabajos de fachada.

Comparto lo expresado por Claudio Caamaño en este mismo diario, en torno a la cuestión del teleférico: “Cuando se piensa como país hay que distinguir lo útil de lo prioritario.

Sobre todo en países como el nuestro, con tantas necesidades insatisfechas. Un teleférico es, sin duda, algo útil, pero ante la realidad dominicana hay que preguntarse: ¿era una prioridad?…”. En las circunstancias actuales de la República Dominicana es obvia la respuesta: ¡No!

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