Miércoles, 19 de septiembre, 2018 | 4:38 pm

RD$12,020.53



He visto numerosas personas estableciendo metas para el año que recién comienza.

Generalmente, las mismas se concentran en el bienestar personal, hacer ejercicios, conseguir un mejor trabajo, viajar más, etc., etc.

Sin embargo, esas mismas personas que se proponen todas esas metas parecen olvidar que la mismas son meros anhelos, si lo central, lo básico en una sociedad, no es otra cosa que el objetivo común.

De nada sirve que individualmente cada dominicano se trace una meta para este año, si el entorno no tiene meta alguna.

Utilicemos el ejemplo de hacer ejercicios:

¿Está seguro en su camino hacia el gimnasio?

¿Está consciente de qué tiempo le toma llegar y volver al gimnasio?

¿Está su carro seguro mientras hace ejercicios?

¿Está seguro cuando regrese al entrar a su hogar?

Con este solo ejemplo hay dos aspectos que resaltan: la seguridad y el tránsito.

En ese sentido, poco importa que usted tenga una meta, si lo macro, lo general, no le ayuda.

Es por ello que más que trazarse metas personales, lo que responsablemente cada dominicano debe hacer es fijarse una meta de bien común, una meta que ayudando a la nación como tal, a la vez le ayude a él como individuo.

Luego de la telenovela Percival, existe un tema que simplemente no puede dejarse de lado.

El caso Odebrecht.

Para muchos es simplemente un caso más de corrupción, y lo cierto es que es todo y en menor escala, eso.

Los montos que generó este entramado de corrupción son tan exorbitantes, que bien pueden haber servido para cambiar ya sea el pensamiento de un hombre íntegro, hasta satisfacer los bajos instintos de un consuetudinario corrupto.

Al día de hoy, es perfectamente posible que todas las autoridades dominicanas sean ilegítimas, fruto de la compra de conciencias, del soborno, de la prevaricación.

Permitir que un caso como el de Odebrecht no llegue hasta las últimas consecuencias, es poner en juego las reglas del sistema democrático. A su vez, perder las reglas del juego democrático seria perder la relativa paz que se vive.

Entonces, ya no habrá manera de trazarse metas personales.

El más reciente reporte de las dimensiones del robo con Odebrecht plantea que, de cada 100 dólares invertidos, los funcionarios dominicanos se embolsillaban 56 dólares.

El monto total de obras realizadas por Odebrecht a través de los años alcanza los US$4,605.3 millones de dólares.

Si de cada 100 dólares robaban 56 dólares, se robaron US$2,578.96 millones de dólares.

A una tasa de 46.61 pesos x dólar, quiere decir que el robo alcanzó la suma de RD$120,205,325.000, o sea CIENTO VEINTE MIL DOSCIENTOS CINCO MILLONES TRESCIENTOS VEINTE Y CINCO MIL PESOS.

¿Existe algo que no se puede alterar, torcer, borrar, con semejante cantidad de recursos? Peor aún, cuando hay tanta gente en República Dominicana dispuesta a ganarse el dinero fácil, a disfrutar del tren de la corrupción.

Si aún no asimila lo que está ante sus ojos, y la necesidad de exigir que esto llegue hasta las últimas consecuencias, mire a su alrededor, ya sea que me esté leyendo en su oficina, en su casa, esperando un autobús, en la playa, donde sea, y entienda que República Dominicana tiene unos 10 millones de habitantes.

Si divide la cantidad robada entre esos 10 millones de habitantes, a cada uno, incluido usted, le robaron DOCE MIL VEINTE PESOS CON CINCUENTA Y TRES CENTAVOS (RD$12,020.53)

Usted decide si “lo deja así”.

ELÍAS BRACHE

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