Por la Casa del Merengue

Rafael Chaljub Mejìa

Por: Rafael Chaljub Mejía

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30 diciembre, 2016 12:05 am



Voy a proponerle al presidente de la República, licenciado Danilo Medina, que autorice la fundación en nuestro país de la Casa del Merengue.

Debo aclarar de entrada que la idea no es mía, más bien la tomo del maestro Dagoberto Tejeda, quien me la comentó hace ya más de diez años.

Ahora la recupero y debo decir que ya estoy consultando a personas amigas para elaborar debidamente la propuesta y llevársela al jefe del Poder Ejecutivo, con la esperanza de que le dé su beneplácito.

El merengue ha sido declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad, pero si algún extranjero interesado en ese atributo de nuestra identidad quiere documentarse sobre el mismo, simplemente no tiene donde ir.

Puede ver agrupaciones que lo tocan e incluso podría ir a algunos centros donde se enseña a tocar los instrumentos del merengue, pero sobre la historia, los precursores y propagadores del merengue, los motivos que han inspirado a sus autores, el significado y el valor de esa música, el contenido de sus letras, no es gran cosa lo que podrá conseguir en forma fácil y ordenada.

Hace falta esa Casa del Merengue, en la cual se expongan los elementos que deben exponerse y donde gente con suficiente dominio del asunto explique al visitante el sentido y el valor de ese compañero de ruta de nuestro pueblo, ese que, por más de siglo y medio ha servido para que el dominicano se retrate a sí mismo mientras se alegra y vence la tristeza que podría generar la marcha tormentosa que le ha tocado recorrer a lo largo de su historia.

Esa música de la democracia y la resistencia, mediante la cual el pueblo nuestro demuestra su inteligencia, su capacidad artística y la riqueza de su cultura, ha sido reconocida por una institución mundial y falta ahora que sus creadores, los dominicanos, demostremos ser dignos de ese producto de nuestra capacidad y del galardón que la Unesco nos ha otorgado, con lo cual no enaltece simplemente un ritmo y un baile, sino a la nación y al pueblo que lo han creado.

Así lo hago constar mientras voy preparando mi propuesta y preparándome para tocar las puertas del Presidente, que estoy seguro se abrirán como se han abierto gentilmente cada vez que le he solicitado recibirme.

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