Los consumidores



Todos los ciudadanos adultos y los niños recién nacidos forman parte de un ejército en crecimiento, que se denomina “consumidores”.

Y el consumo se traduce en la compra de alimentos, artículos y toda suerte de servicios.

Una gran parte de los consumidores tienen trabajo o trabajan por cuenta propia. Los que trabajan por cuenta propia tienen pobres entradas, producto de una labor que los entendidos denominan “trabajo informal”, y que incluye venduteros, pregoneros, chiriperos y una suerte de ocupaciones temporeras que con sus ingresos terminan comprando en el mercado nacional; y otros, con sueldos formales, compran tanto en el mercado nacional como productos que son importados.

La cadena incluye la moneda de cambio. El peso dominicano, que sirve para pagar todo lo que se consume. Solo que el sueldo de la inmensa mayoría de los dominicanos no es ajustado tomando en cuenta variables económicas del país, entre ellas el factor inflacionario.

Se ajusta, muy espaciadamente, con demora y remilgos, cuando los sectores involucrados, representantes del Estado, patronos y sindicatos, centrales y confederaciones de trabajadores se sientan en una mesa del diálogo y llegan a un acuerdo, que nunca se produce en el tiempo más favorable para la mayoría.

Sufre retraso, nunca hay un consenso entre las partes, pero la inflación y el alto precio de los productos de primera necesidad no se detienen.

Una vez más se cancela la reunión de los sectores que definen asuntos de sensibilidad laboral.

Una vez más hay alegatos y pedido de más tiempo, por parte de los patrones, para tomar decisiones que incidan en un incremento de sueldo. Son decisiones que atrapan el salario de los consumidores y dejan en libertad la dañina inflación.

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