La estatua al héroe Kaláshnikov



El gobierno ruso acaba de levantar una gigantesca estatua al ingeniero militar Mijail Kaláshnikov, inventor del legendario fusil AK-47, fabricado en la Unión de República Socialistas Soviéticas, la URSS de los tiempos gloriosos de José Stalin.

El diseño del fusil se terminó en 1947, en el ambiente que siguió al triunfo dos años antes de las fuerzas de la Coalición Mundial Antifascista, que con el invalorable aporte de los pueblos de la URSS, del Ejército Rojo y el papel de Stalin, derrotó al Eje nazi-fascista capitaneado por la Alemania hitleriana en la Segunda Guerra Mundial.

Se sabe que al término de la guerra las potencias de Occidente le declararon la “guerra fría” al sistema socialista, y la URSS se vio obligada a seguir viviendo bajo amenaza de agresión militar, en medio del colosal trabajo de reconstrucción de un país que pagó el precio de 26 millones de vidas humanas de los 52 millones que se perdieron en la contienda, se vio forzado a vivir con la guardia en alto y la pólvora seca.

El fusil Kaláshnikov surgió entonces como símbolo de defensa del socialismo y su uso se fue propagando a otros países de revoluciones triunfantes.

Recuerdo la emoción de la primera ocasión en que logré ver el emblemático fusil, en manos de un destacamento del Ejército Popular de Liberación de China, que en debida formación saludaba a los pasajeros que, aquella tarde soleada y tibia del mes de septiembre de 1967, arribábamos al aeropuerto internacional de Chang-hai. El A-K 47 también se hizo célebre en manos de los guerrilleros vietnamitas y otras fuerzas que en todos los continentes, peleaban por la liberación nacional y social.

Al inventor se le otorgó el título de Héroe del Trabajo Socialista. Cayó la URSS con todas sus consecuencias y el fusil continuó fabricándose, hasta ser el arma más producida en todo el mundo.

Las manos a las cuales ha ido cayendo y el uso que le han dado sus adquirientes ya no es de la responsabilidad de su inventor, que murió en 2013 de 94 años, ni de la causa a la que originalmente sirvió el arma.

Pero tengo la convicción de que al honrar a Kaláshnikov y el fusil de su invención, se honra, así sea inconscientemente, indirectamente, el trabajo y la investigación creadora puestos al servicio de la defensa del socialismo.

Publicidad

Publicidad