Jueves, 15 de noviembre, 2018 | 9:32 am

El monstruo de una terrible y profunda oscuridad nos amenaza



Porque: No tenemos que esperar al

Dolor póstumo, para conocer la verdad.

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira.

El espíritu de la Educación,

Es el conocimiento, no de los hechos,

Sino, de los Valores.

R. Inge.-

“Detesto de mi… regresando a los lugares que no habitas. Por cantarle tanto tiempo a una sonrisa, que no vuelve más…Detesto en mí”. Bella canción como para, parodiarla, y decir algo así a la clase política, pero no a título personal sino, como pueblo… Detesto en mi seguir creyendo en ti. Detesto en mí el continuar permitiendo que te burles y abuses de mis flaquezas sí… ¡Detesto en mí!

Y aun así, no pierdo la esperanza de que un día, al despertar, nos encontremos con nuevas autoridades, con nuevos políticos que nos hagan percibir que algo sucederá; que la funcionabilidad del Estado dejará de ser parcela política-partidaria, para convertirse en finca productiva por y para el pueblo pero, para que esto suceda, debe existir confianza, la misma que para muchos era verde y fue engullida por un bandidaje político inhumano, que actúa sin conciencia, en medio de un panorama donde el país ha perdido su fe en estos llamados a ejercer sus funciones pensando en el todo y, no de manera fragmentada.

Pero todo esto se invertiría si los políticos actuaran con conciencia, la misma que le permitiría accionar a la luz de los principios morales. Total, que a los pocos meses de ese despertar, nos daríamos cuenta de que son una réplica de los que sustituyeron… ¡Tamaña desilusión! Aunque no la primera, ni será la última.

Y es que la profunda e inescrutable oscuridad que se adueña de nuestros sentidos al salir a las calles, no hay palabras para describirla, y no solo es oscuridad por falta de electricidad, porque a esa hace tiempo que estamos acostumbrados. Más bien, es hacia aquella donde se refugian los cobardes; ineptos; corruptos e implacables políticos-funcionarios, que nos han robado la seguridad; que nos han robado la libertad de poder transitar sin la sombra tenebrosa del temor de ser agredidos y, peor aún, de vernos compelidos a ejercer violencia para asegurar nuestras vidas y propiedades.

Quizás esté equivocado, pero me parece, que estos políticos están jugando al olvido, a dejar pasar el tiempo para que llegue la caducidad de la pena y la resignación ante el hecho consumado, sea toda nuestra esperanza de justicia. A menos que, sabiamente, digamos como algún inteligente o sufrido, el cual  expresó, ante la impotencia al ver la consumación de los hechos, es decir, cuando nos llegue el incomprensible dolor póstumo, ese que nos presenta la cruda realidad de aquello que permanecía oculto, por temor o contubernio, pero ya sin remedio alguno, por encima de cualquier tiempo transcurrido y aun sean huesos los únicos que permanecen sobre la tierra, reciban el castigo póstumo de la justicia, avergonzando hasta sus descendientes ante los herederos de las miserias causadas.

Por eso, considero que para vivir, hay que tener esperanza pero, cuando hasta eso te roban, entonces, ¿qué eres? Es lo que habría que preguntarle a este pueblo, porque los que nos mal gobiernan, no quieren comprender que llegado un momento, muchas veces las palabras no valen; que el siempre estar en “dialogo”, estudios y convenios de cooperación no son suficientes para encubrir la falta de coraje para adoptar las responsabilidades que conllevan ejercer una función, en beneficio del pueblo, de la gran mayoría.

No quieren entender que la irresponsabilidad; la corrupción e incapacidad para ejercer el mando, solo conduce al caos, al que estamos viviendo y que nos llevará a una catástrofe institucional de la cual será muy difícil escapar, si es que antes, no tenemos que recurrir al cinturón de fuerza del Dios del trueno, Thor, para ponerle fin a esta desgracia. Hasta quizás necesitemos de un generativismo, que nos permita hablar el mismo idioma  que sea interpretado por todos, comenzando por los políticos. ¡Sí señor!

 

 

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