Viernes, 22 de febrero, 2019 | 9:14 pm

Un voto indigno contra Venezuela



Un fantasma recorre América Latina. Es el fantasma de los golpes de Estado, ya no mediante la fuerza de los fusiles y las bayonetas de militares golpistas de ultraderecha, sino a través de mecanismos “democráticos” como los golpes de Estado parlamentarios (caso de Brasil) o con resoluciones aprobadas en organismos internacionales que intentan imponer gobiernos a imagen y semejanza de los antiguos lacayos.

Esto último, y no otra cosa, es lo que acaba de ocurrir la semana pasada, cuando el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución sobre Venezuela que desconoce y cataloga de ilegítimo el segundo mandato que asumió horas antes el presidente Nicolás Maduro.

Maduro fue electo por el voto mayoritario de los venezolanos, nos guste o no. Los países miembros de la desacreditada OEA que votaron a favor de que se desconociera el nuevo período de Maduro violan de manera flagrante el principio de la no intervención en los asuntos internos de otros Estados y por tanto han desconocido la soberanía de Venezuela.

La resolución condenatoria, que critica entre otros temas la situación de derechos humanos y de los presos políticos, fue aprobada con 19 votos a favor, 6 en contra y 8 abstenciones.

Entre los países que votaron a favor de la referida resolución estuvo, ¿por cuáles razones?, República Dominicana. Ese voto significa un giro de 180 grados en la tradición que en términos diplomáticos ha tenido el país de respeto a la soberanía de las demás naciones.

República Dominicana es –quizá después de Cuba- el país menos indicado para apoyar una resolución que implique el desconocimiento de la soberanía de un pueblo hermano.

No hay que olvidar que fue precisamente la OEA el organismo regional que sirvió de excusa para justificar la intervención militar de Estados Unidos contra el país en abril de 1965 y por segunda vez en el siglo pasado.
Fue esa misma OEA la que creó la llamada Fuerza Interamericana de Paz (FIP).

Los dominicanos sí sabemos lo que significa que gobiernos títeres se presten al juego de imponer los criterios del Tío Sam a las demás naciones.
El voto dominicano pasará a la historia como una mancha, un voto indigno que no se corresponde con lo que hasta ahora había sido la tradición.

Tal como advirtió el presidente Nicolás Maduro, esa resolución de la OEA sienta un peligroso precedente en la región.

Sería una locura que cada vez que una corriente política cuente con mayoría en ese organismo podrá reconocer o desconocer gobiernos a su antojo.

Creo que la única explicación para que el país se desdijera en esa votación es la cobardía del gobierno de Danilo Medina ante posibles represalias de Estados Unidos por su acercamiento con China. Es como si quisiera recalcar: “miren, esa es la prueba de que no somos de izquierda”.

De modo que no se trata de una posición de principios, sino de un oportunismo político. Juan Bosch nunca habría apoyado esa grosera intromisión en los asuntos internos de la patria de Simón Bolívar. Los problemas de Venezuela deben resolverlos los venezolanos.

Pero sobre todo, el voto del representante dominicano es una violación al artículo 3 de la Constitución dominicana, que habla de la inviolabilidad de la soberanía y principio de no intervención, que dice textualmente: “El principio de la no intervención constituye una norma invariable de la política internacional dominicana”.
Hay que ser coherente.

German Marte

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