Mis palabras al entrar PRM

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Claudio Caamaño Vélez
Claudio Caamaño Vélez

Este es uno de los días más importantes de mi vida. Una decisión madurada durante muchos meses, abonada con sabios consejos.

Ingreso al Partido Revolucionario Moderno (PRM) con el corazón lleno de sueños, esperanzas y compromisos con mi país. Agradezco la disposición de este partido de acoger a mi persona, proyecto y principios.

El PRM es una casa en construcción y vengo a trabajar, para que se continúe edificando fuerte y sólida. Pocas cosas son perfectas, pero hay una realidad innegable: este partido es la principal herramienta con que cuenta el país para romper con el monopolio de poder y rescatar nuestra democracia.

Entré a la política para hacer cambios, y los cambios se hacen desde el servicio en posiciones elegidas por el pueblo. Algunos podrán pasar años teorizando, resguardados en su zona de confort. Pero allá  afuera hay un pueblo que no aguanta más, que le han robado hasta el pensamiento. Ese pueblo necesita líderes, y los líderes necesitan estructuras.

Invito a las personas con valores y principios democráticos a sumarse, y fortalecer las bases morales de esta importante fuerza política.

Este partido es la esencia de la organización por la cual Francisco Alberto Caamaño Deñó ocupó la presidencia de la República. Este es el único partido en el cual mi padre, Claudio Caamaño Grullón, militó.

Entro con los brazos abiertos, para contribuir con la unidad, única forma de derrotar la tiranía.

Creo que uno debe estar, no donde más cómodo se sienta, sino donde más útil pueda ser. Por eso estoy aquí para servir.

La diferencia entre una piedra y un puñado de arena es la unidad. Dejemos de ser granitos de arena dispersos, y formemos una gran roca.

Me despido con esta frase de nuestro Patricio, Juan Pablo Duarte: “Trabajemos por y para Patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”.

¡Viva la República Dominicana!

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