Santo Domingo.– Tomarse un café por la tarde y dormir ocho horas sin interrupciones podría parecer suficiente para descartar cualquier efecto de la cafeína sobre el descanso, sin embargo, dormir durante muchas horas y conseguir un sueño verdaderamente reparador no necesariamente son lo mismo.
Una revisión sistemática publicada en la revista científica Nutrients analizó la evidencia disponible sobre cómo la cafeína modifica la actividad eléctrica del cerebro durante el sueño y encontró alteraciones compatibles con una menor profundidad del descanso y una recuperación menos eficiente.
La investigación, realizada por James Chmiel, de la Universidad de Szczecin, y Donata Kurpas, de la Universidad Médica de Wroclaw, examinó estudios que utilizaron electroencefalografía (EEG), una técnica que permite observar la actividad eléctrica cerebral mientras una persona duerme.
Dormir no basta
Uno de los aspectos interesantes de la evidencia es que la cafeína no necesariamente tiene que mantener despierta a una persona para modificar su descanso.
El EEG permite detectar cambios que pueden pasar inadvertidos cuando únicamente se observa cuánto tiempo durmió alguien o cuántas veces despertó durante la noche, entre ellos se encuentra la reducción de la actividad de ondas lentas, una característica importante del sueño profundo.
La revisión concluye que la cafeína altera de manera consistente aspectos neurofisiológicos del sueño en una dirección compatible con menor profundidad y una recuperación homeostática debilitada.
Esto significa que una persona podría dormirse a una hora aparentemente normal, permanecer varias horas en cama e incluso levantarse con la impresión de haber dormido bien, mientras determinadas mediciones de su actividad cerebral muestran un descanso menos profundo.
La profesora Donata Kurpas explica que la percepción subjetiva de haber dormido bien no siempre coincide con los registros neurofisiológicos.
Una persona puede no recordar despertares ni experimentar grandes dificultades para conciliar el sueño y, sin embargo, presentar menos características propias del sueño profundo.
La explicación está relacionada con la adenosina, una sustancia que se acumula durante el día y contribuye a generar la presión biológica que nos lleva a dormir.
La cafeína bloquea principalmente los receptores A1 y A2A de la adenosina, disminuyendo temporalmente esa sensación de sueño y aumentando el estado de alerta.
El cansancio nos deja sin energía hasta para hacer lo que podría ayudarnos a sentir mejor
No afecta igual
Esto tampoco significa que todas las personas deban abandonar el café, ya que la respuesta a la cafeína presenta importantes diferencias individuales.
Factores como la genética, el metabolismo, la edad, el estrés, el cansancio acumulado, la cantidad consumida y el momento del día pueden modificar sus efectos sobre el sueño.
Por eso, algunas personas aseguran poder tomar una taza de café al final de la tarde y dormir sin problemas, mientras otras notan sus efectos muchas horas después.
El horario tampoco es el único elemento que importa, pues la cantidad total de cafeína consumida durante el día y el tiempo disponible para que el organismo la metabolice antes de acostarse también pueden influir.
El estudio recuerda que no toda la cafeína procede del café, ya que el té, bebidas energéticas, refrescos de cola, chocolate y determinados medicamentos pueden incorporarla en cantidades diferentes.
Los investigadores advierten además sobre un posible círculo difícil de reconocer: una persona cansada recurre a la cafeína para mantenerse alerta durante el día; si ese consumo reduce posteriormente la calidad de su recuperación nocturna, puede levantarse más cansada y volver a necesitar estimulantes al día siguiente.
La conclusión no es que el café sea necesariamente perjudicial, sino que poder dormir después de tomarlo no demuestra por sí solo que la cafeína no esté influyendo en el descanso.
Para quienes se levantan cansados pese a permanecer suficientes horas en cama, revisar cuánto café y otras fuentes de cafeína consumen, así como el horario en que lo hacen, puede ser una de las variables a observar.
La evidencia también refuerza una idea cada vez más presente en la investigación del sueño: contar las horas es importante, pero la calidad y profundidad del descanso también cuentan.