Santo Domingo.– Llegamos agotados al final del día y dejamos para mañana el ejercicio, preparar una comida saludable, salir a caminar, compartir con otras personas o simplemente acostarnos más temprano.
Paradójicamente, algunas de esas actividades que posponemos por cansancio son precisamente las que podrían ayudarnos a recuperar bienestar.
El agotamiento no solo afecta cómo nos sentimos, también puede convertirse en una barrera para cuidarnos y favorecer un círculo difícil de romper: estamos cansados, abandonamos hábitos saludables, descansamos peor y al día siguiente volvemos a sentir que no tenemos suficiente energía.
La situación aparece reflejada en los resultados de Voice of the Consumer 2026, de PwC, realizado en Australia, donde el 64 % de los participantes identificó el estrés, fatiga o falta de energía como una de las principales barreras para alcanzar sus objetivos de salud y bienestar.
El dato resulta especialmente significativo porque coincide con una creciente preocupación por cuidarse, mientras que el estudio global de PwC, realizado entre 21,808 consumidores de 27 países, muestra que el bienestar ocupa cada vez mayor espacio en las decisiones cotidianas, mientras mejorar el sueño figura entre los objetivos de salud señalados por una parte importante de los encuestados.
La contradicción es evidente: queremos sentirnos mejor, pero muchas veces estamos demasiado cansados para hacer aquello que podría ayudarnos a conseguirlo.
El círculo del cansancio
Después de ocho o más horas de trabajo, desplazamientos, responsabilidades familiares y una exposición prácticamente permanente a pantallas y estímulos, hacer ejercicio puede sentirse como una obligación adicional.
Preparar una cena equilibrada requiere más esfuerzo que recurrir a la opción más rápida, además salir a caminar puede perder frente al sofá y hasta actividades placenteras como leer, conversar, encontrarse con amigos o practicar un pasatiempo terminan pospuestas.
El cansancio también puede producir una aparente contradicción: estar agotados y, aun así, retrasar la hora de dormir.
Después de un día dedicado a cumplir responsabilidades, muchas personas encuentran en la noche el único espacio que sienten verdaderamente suyo, donde un capítulo más de una serie, unos minutos revisando las redes sociales o simplemente navegando por el teléfono pueden extenderse mucho más de lo previsto y restarle tiempo al descanso.
Al día siguiente, la falta de sueño puede traducirse nuevamente en menos energía para hacer ejercicio, organizar las comidas, concentrarse y mantener otras rutinas saludables.
Las recomendaciones de Mayo Clinic para favorecer un mejor descanso incluyen:
- Mantener horarios regulares: acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora cada día.
- Cuidar lo que se come y bebe: evitar comidas abundantes y prestar atención al consumo de cafeína y alcohol antes de dormir.
- Crear un ambiente adecuado: procurar que la habitación sea tranquila, oscura y confortable.
- Limitar las siestas: evitar que sean demasiado largas o interfieran con el sueño nocturno.
- Incorporar actividad física: mantenerse activo regularmente puede favorecer un mejor descanso.
- Manejar las preocupaciones: intentar resolver o dejar anotados los asuntos pendientes antes de ir a la cama para reducir la tensión mental.
La realidad de muchos es que conocer esas recomendaciones no significa necesariamente tener la energía para incorporarlas todas al mismo tiempo.
Por eso, cuando el cansancio ya forma parte de la rutina, intentar transformar de golpe la alimentación, comenzar una intensa rutina de ejercicios, dormir ocho horas, eliminar las pantallas y cumplir una larga lista de propósitos puede terminar convirtiendo el autocuidado en otra fuente de presión.
Una alternativa es comenzar por cambios pequeños y sostenibles: caminar algunos minutos, adelantar gradualmente la hora de acostarse, dejar el teléfono fuera de la cama, organizar una comida sencilla o reservar unos minutos para una actividad que permita desconectarse.
Cuando llega el viernes
Para muchas personas, el viernes no comienza con la energía asociada al inicio del fin de semana, sino con el cansancio acumulado durante cinco días de trabajo, desplazamientos, responsabilidades domésticas, compromisos y horas de sueño que no siempre fueron suficientes.
A diferencia del agotamiento provocado por una jornada particularmente intensa, al terminar la semana pueden sumarse pequeñas deudas de descanso y una carga mental sostenida.
Las tareas pendientes, las decisiones tomadas durante varios días y la dificultad para desconectarse del trabajo pueden hacer que lleguemos al viernes sintiendo que las reservas están agotadas.
Eso también explica por qué algunos planes que parecían atractivos el lunes dejan de serlo cuando finalmente llega el fin de semana: Hacer ejercicio, salir con amigos, organizar la casa o incluso realizar actividades recreativas puede sentirse como un esfuerzo adicional cuando el cuerpo y la mente reclaman descanso.
El problema aparece cuando intentamos compensar ese agotamiento alterando completamente las rutinas: acostándonos mucho más tarde porque “mañana no hay que trabajar”, pasando gran parte del día siguiente en la cama o trasladando al fin de semana todas las tareas personales que no pudimos realizar de lunes a viernes.
El descanso del fin de semana puede ayudar a recuperar energía, pero también conviene reservar espacio para actividades que realmente permitan desconectarse, mantener cierta regularidad en los horarios de sueño y evitar convertir sábado y domingo en otros dos días repletos de obligaciones.
Llegar cansado al viernes puede ser una consecuencia esperable de una semana exigente. Sentir que cada viernes llegamos completamente exhaustos, que dos días no bastan para recuperarnos o comenzar cada lunes todavía cansados merece, en cambio, prestar atención a nuestros hábitos y a las posibles causas de ese agotamiento.
No siempre es normal
También es importante diferenciar el cansancio ocasional de una fatiga persistente, Mayo Clinic explica que la fatiga puede relacionarse con factores cotidianos como dormir poco, una alimentación inadecuada, estrés o niveles insuficientes o excesivos de actividad física, sin embargo, también puede aparecer asociada a diferentes problemas de salud.
Por eso, acostumbrarse a vivir permanentemente agotado no debería convertirse en la única respuesta, ya que cuando la fatiga persiste pese a descansar, interfiere con las actividades habituales o aparece acompañada de otros síntomas, es recomendable consultar con un profesional de la salud para determinar su origen.
El desafío, entonces, no consiste únicamente en dormir más o proponerse hacer ejercicio, también implica reconocer cuánto está interfiriendo el agotamiento con nuestra capacidad de cuidarnos.
Porque el cansancio puede terminar creando una paradoja difícil de advertir: nos quita justamente la energía que necesitamos para hacer muchas de las cosas que podrían ayudarnos a sentir mejor.
Meta descripción: El cansancio acumulado durante la semana puede dejarnos sin energía incluso para cuidarnos. Conoce cómo la fatiga afecta el sueño, el ejercicio y otros hábitos de bienestar.
leídas