Sábado, 20 de octubre, 2018 | 12:31 am

Seamos una sociedad ética



El título de este trabajo parecería expresar una actitud de ingenuidad. Bien, de lo que se trata es hacer ver lo indispensable de las conductas éticas si se quiere avanzar hacia una sociedad de calidad.

He sostenido en más de una ocasión que somos una sociedad “patas arribas”, en que muchas cosas andan mal y muy mal. Una de ellas (y de las fundamentales) es la ética.

Entre las distintas nociones de ética que se plantean, y que asumimos en este artículo, está la que la considera como una práctica, un comportamiento de vida humana que persigue el bien, la bondad, la justicia.

En nuestra sociedad no hay un comando moral. Desde las alturas del Estado la sociedad no recibe los mejores ejemplos en la materia.

Prueba al canto: el caso Odebrecht y un extenso rosario de tratativas y comportamientos desde instituciones públicas y privadas de nuestro país. Aquí, en la gran mayoría de los casos, la política se ha convertido en un ejercicio no para el servicio, sino para el “autoservicio” (por eso han surgido tantos millonarios desde ella).

La política ha sido una práctica sin ética, un quehacer para lo que “conviene”.

En la sociedad dominicana el deseo de tener (no de ser) consume a una inmensidad. Se desea tener a como sea de lugar, a cualquier precio.

Somos una sociedad en que muchos están alejados de los comportamientos éticos y donde abunda la economía ilícita.

En ocasión de celebrarse el próximo 29 de abril el día de la ética, nos parece pertinente plantear que si queremos una mejor sociedad debemos convenir en la inevitabilidad de la ética.

Debemos comprender que lo más importante no es disponer de una gran cantidad de normativas éticas, de elementos formales, sino que lo más importante es traducir todas esas normativas en desempeños concretos.

Debemos enfrentar la crisis ética existente en nuestro país y que tiene algunas de sus manifestaciones en la falta de claridad sobre lo que es bueno o malo, en la subestimación de la vida humana, en el embotamiento de la sensibilidad humana y social, en la violación de las leyes, normas y derechos, en la corrupción estatal y social, en el desmedido afán de lucro, de consumo y de ostentación.

La cuestión de la ética no es decir, es hacer, es llevarla a la realización en el orden práctico, y esto demanda transmitirla y practicarla dando ejemplo diario en el hogar, en la familia, en el barrio, en el espacio laboral, en la escuela, en la universidad, desde el Estado, en fin, en el conjunto de la patria.

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