Martes, 14 de agosto, 2018 | 3:57 am

Quien discrimina no es cristiano



Como cada cierto tiempo, los “nacionalistas” han vuelto a la carga en estos días previos a la Semana Santa con su furibunda prédica de odio y terror, procurando generar miedo entre los dominicanos sobre una inminente invasión haitiana.

Es curioso, pero los propulsores de esta febril arremetida contra el “grave peligro” que según ellos representa la gran cantidad de extranjeros, seguro que se consideran verdaderos cristianos.

Pretenden ignorar que Jesús fue un migrante. Olvidan que un verdadero cristiano jamás discrimina ni considera a nadie inferior o enemigo por su procedencia, posición económica, raza, color o ideología.

De lunes a sábado se la pasan despotricando contra los “traidores” a la Patria que defienden los derechos humanos de los inmigrantes, y el domingo acuden a la iglesia como buenos cristianos (sean católicos o evangélicos).

Igual que los fanáticos hitlerianos, su odio les obnubila la razón y les hace olvidar que si bien hay cientos de miles de inmigrantes en el país (muchos indocumentados), igual hay cerca de dos millones de dominicanos que viven como extranjeros en Estados Unidos, Puerto Rico, España y otras naciones.

Gente que en misa escucha con atención al sacerdote o al pastor hablar de Jesús, quien según la Biblia nació en Belén por puro accidente (al decir de un tal Lucas); Jesús, quien tuvo que emigrar para escapar de la orden dada por Herodes de aniquilar a todo primogénito menor de dos años; el mismo que anduvo por Egipto (algunos libros dicen también estuvo por la India) antes de que su familia se instalara en Nazaret.

En la iglesia, especialmente en estos días, esa gente finge estar de acuerdo con ese texto que según ellos es sagrado.

Pero en la práctica son como los nazis, o como los colonizadores españoles del siglo XVI que iban “a Dios rogando y con el mazo dando”, al decir del poeta Pablo Neruda: “Los garrotazos fueron argumentos tan fuerte que los indios vivos se convirtieron en cristianos muertos”.

No ven nada pecaminoso en su propuesta de expulsar “a fuego limpio” o a pedradas y machetazos, si es preciso, a todos los haitianos que han “invadido” el país. Abogan, además, por frenar la entrada de venezolanos.

El Viernes Santo oirán el Sermón de las 7 palabras y el domingo por la mañana acudirán a la Misa de Resurrección, y al salir del templo, posiblemente más de uno murmure: “maldito haitiano del diablo, me tiene harto”.

El rechazo a los venezolanos es menor, pero va en aumento. La molestia principal la provocan los haitianos, “que son bullosos, menos educados, sucios, pobres y negros”.

Esgrimen los mismos argumentos de una minoría de norteamericanos seguidora de Trump, que rechaza a los inmigrantes; eso mismo dicen en Europa de los africanos y latinoamericanos.

Soy más ateo que cristiano y más cosmopolita que dominicano, por eso –talvez- no logro entender cómo puede llamarse cristiano alguien que discrimina a otro solo por su procedencia o por ser un chin más pobre.

No creo que sea compatible ser un cristiano verdadero y al propio tiempo discriminar a algún otro ser humano. Puede ser racismo, xenofobia, nazismo o cualquier otra cosa, pero no cristianismo, tampoco es nacionalismo y mucho menos patriotismo.

Más cercano al cristianismo verdadero me parece el mensaje del arzobispo Francisco Ozoria cuando se pronuncia a favor de los trabajadores extranjeros y deplora que sean maltratados, humillados, y dice que estos necesitan ser redimidos “porque están crucificados como Jesucristo”.

Ojalá y estos días de Semana Santa sirvan para que los buenos dominicanos que se hayan dejado confundir de esta perversa prédica puedan reflexionar y dejen de ver fantasma donde no hay.

Ojalá dejen de pedir que todo inmigrante o quien defiende sus derechos sea crucificado, como el mártir del Gólgota.

German Marte

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