Miércoles, 24 de octubre, 2018 | 12:43 am

Prosigo a la meta



No es que ya lo haya alcanzado, ni que ya sea perfecto, sino que sigo adelante, por ver si logro alcanzar aquello para lo cual fui también alcanzado por Cristo Jesús.

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado ya; pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; ¡prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús!. Filipenses 3:12-14

Hubo una época de mi vida que practiqué el atletismos y les digo la verdad, nunca gané una carrera. Pero lo que aprendí es que había que hacer un esfuerzo mayúsculo para llegar a los primeros tres lugares.

Para ganar una carrera de atletismo tu debías tener una actitud y la determinación necesaria para ser el primero en llegar a la meta. Los ganadores se entrenan y se empujan hacia el objetivo.

En nuestro texto el apóstol Pablo usa una analogía para describir su propia experiencia espiritual.
“No es que ya lo haya alcanzado”.

El crecimiento en la vida es algo continuo. Pablo era una persona con muchos años en el camino de la fe. Sin embargo el dice: “Yo necesito seguir creciendo. No he llegado a la meta. Necesitamos seguir progresando, las dificultades terrenales no pueden impedir nuestra carrera hacia lo supremo.

Una actitud correcta de llegar a la meta es olvidar el pasado: Déjalo ahí! “Olvidando lo que queda atrás”. Una vez más, la imagen es de un corredor que no haga el error de mirar por encima del hombro.

Sus ojos están fijos en la meta. Si cometimos errores en la vida lo correcto es seguir, poner nuestra frente en alto.

Dejar el pasado (bueno y malo) detrás de nosotros y dar gracias a Dios por todo lo ocurrido y seguir adelante.

Hay mucho por vivir. Las cosas externas que nos rodean, no pueden impedir que prosigamos hacia la meta.

Francisco Rojas

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