Jueves, 13 de diciembre, 2018 | 4:04 pm

Parabienes a los chavoneros 2018



Chavón, la Escuela de Diseño me distinguió, de la mano de su presidenta Dominique Bluhdorn, su rector Stephen Kaplan y de la profesora María Elena Moré, al invitarme a dirigir un mensaje a sus graduandos del pasado mes de mayo de este año.

La Ciudad de los Artistas, como la llamó su fundador Charles Bluhdorn, y su escuela graduaron a cerca de cien nuevos técnicos en bellas artes, ilustración, fotografía, diseño gráfico o comunicación, diseño de modas y continuación y mercadeo de modas, algunos de los cuales continuarán estudios en Parsons The New School for Design, en Nueva York.

Quise hablarles de un tema simple y complejo a la vez: la responsabilidad ética. Nos ha tocado vivir en medio de un proceso de aceleración inédita de la modernización, al que, para tratar de entendernos, llamamos posmodernidad, que, aunque varía según las escalas del desarrollo y el subdesarrollo económico y social de las naciones, tiene la característica de haber heredado de la modernidad rasgos tan complejos como la incertidumbre y la ambivalencia, donde, como en un crisol autónomo e infernal, se van conjugando, al fragor de una lucha, lo arcaico y lo actual, lo civilizado y lo neotribal o barbárico, lo individual y lo colectivo, lo privado y lo público, lo análogo y lo digital, la palabra y el silencio, la construcción y la deconstrucción, el arte y su negación, la pulsión de vida y la de muerte.

Son muchas las definiciones de ética con las que podríamos encontrarnos, desde el pensamiento antiguo hasta la filosofía de nuestros días, pasando casi todas por el eje del bien y del deber que han de practicar los individuos en sociedad.

Sin embargo, vamos a encontrar, en buena medida, un denominador común: la ética trata acerca de la formación del carácter, ya sea en los individuos, en las instituciones o en los pueblos.

¿Y para qué sirve, entonces, la ética, se pregunta Adela Cortina (2014)? Y responde: “Para intentar forjar un buen carácter, que aumenta la probabilidad de ser felices y justos, al ayudar a estimar los mejores valores y optar por ellos”.

Les recordé, además, principios éticos de Levinas y de Jonas, especialmente, en lo relativo a nuestro compromiso ineludible e irreductible con el otro, con la solidaridad sin más, sin espera de reciprocidad o recompensa.

Porque, en definitiva, soy responsable, en la medida en que mi ser moral libre llega hasta el sacrificio más grande por el otro, sin esperar reciprocidad.

Me pregunto algo, les dije, que ustedes también se habrán cuestionado: ¿qué son el arte y la cultura en estos tiempos de disolución de todo lo que se había fundado y creíamos duradero, tiempos de déficit de los valores de la vida y la convivencia, por efecto del consumismo delirante y el individualismo autista?

El arte sigue siendo, a pesar de los ismos, las modas y la pretensión mercurial, subrayé, la epifanía del imaginario de la subjetividad.

La cultura es nuestra riqueza simbólica por excelencia, tanto material como espiritual. Estamos llamados a salvarlos, para salvarnos.

Chavón procura hacer de sus estudiantes entes productivos y ciudadanos éticos, solidarios y comprometidos con la construcción de un Estado y una sociedad mejores, y de una cultura que nos proyecte allende los mares y el planeta, como representantes de este mundo y este tiempo, de los que abrigamos el deseo de su transformación, desde el descontento y la desesperanza, hacia la armonía, la tolerancia, la convivencia y la fe en un presente y futuro orientados a construir una sociedad más justa y sostenible.

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