Nuestra realidad

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Nuevamente un desastre natural pone al desnudo la situación de hacinamiento e insalubridad en que viven muchos de los dominicanos en zonas vulnerables.

Las imágenes de inundaciones y comunidades aisladas son más que elocuentes.

Se incurre en el mismo error de siempre, de extender la mano del Estado a los necesitados cuando el mal los golpea.

El paternalismo gubernamental surge cuando la gente clama por el auxilio público en medio de sus calamidades.

Desde siempre se ha cuestionado que el país carezca de las previsiones para cuestiones de catástrofes, a pesar de que estamos ubicados en el mismo trayecto de los huracanes.

La miseria y la impotencia de los afectados se han puesto de manifiesto con el paso un poco lejano de los huracanes Irma y María, lo que plantea una redifinición de la visión pública sobre mayores regulaciones en cuanto a las edificaciones y sobre la necesidad de reubicar a los residentes en zonas calificadas de alto riesgo.

No basta que ahora el Gobierno apruebe ayudas “obligatorias” para mitigar las angustias de los damnificados. Se necesita de un plan que evite males mayores en el futuro.

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