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No perdamos la esperanza

La República Dominicana ya perdió tantas condiciones que se ha convertido en una especie de reinado de la impunidad, donde un escándalo de corrupción sucede y supera al anterior, mientras la justicia parece estar de vacaciones en Babia. Desafortunadamente.

Son tantos los abusos de poder, tantos los casos de impunidad y las veces que gente buena, pero decepcionada, nos ha repetido la frase “esto se jodió”, que hasta el más optimista llega a convencerse de que efectivamente no hay nada que hacer, excepto “buscársela como todo el mundo” o “largarse a otro país”.

Pero esta idea favorece a quienes se han beneficiado y aun se benefician del actual estado de cosas, pues desmoraliza a la ciudadanía, que se ve diezmada ante tanto pesimismo, y finalmente decide “cogerlo suave”.

La idea de que “esto no hay quien lo cambie” y de que “contra el poder no hay quien pueda” solo les conviene a quienes están arriba.

La afirmación de que “aquí todo el mundo coge” solo favorece a los corruptos, porque nos iguala a todos en el fango, lo cual no es cierto.

No es verdad que en el país estemos tan bien como alegan los gobiernistas, pero tampoco es cierto que estemos tan jodidos que no haya posibilidad de cambiar la situación que vivimos, ni que los corruptos sean una mayoría invencible. Falso.

Aquí hay razones de sobra para que empresarios, emprendedores, obreros, hombres y mujeres, jóvenes y viejos se sientan indignados con el rumbo que lleva el país, pero el derrotismo no es la mejor opción.

Quienes nos sentimos inconformes con el actual estado de cosas, debemos continuar siendo críticos implacables contra los corruptos, luchar contra los abusos, la impunidad. Pero jamás debemos rendirnos y bajar la bandera.
Históricamente los cambios han sido impulsados por los inconformes, por aquellas personas que no se conforman con lo menos, ni siquiera con haber mejorado sus condiciones particulares de vida, y que abogan por un mundo mejor.

Ejemplos de lo que pueden lograr los inconformes hay de más: desde nuestro Duarte, Luperón, George Washington, Fidel Castro, Arafat, Martin Luther King, Simón Bolívar, Mandela, hasta Mahatma Gandhi. Ninguno de nosotros se ha sacrificado tanto como esos prohombres.

Ni los tiempos buenos son eternos ni los malos para siempre.
Ya nos han robado demasiado, no dejemos que también nos roben la esperanza.

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