Golpes en el pecho y crujir de dientes



El desfile ante la Procuraduría de funcionarios oficiales vinculados a las ejecutorias de la Odebrech, una empresa en entredicho, estimula la reflexión sobre la conducta de la clase política nacional de diversos partidos y las denuncias y evidencias sobre la distracción de fondos y el enriquecimiento ilícito.

El hecho fehaciente es que, en su medida, la historia de muchos de nuestros hombres públicos ha estado vinculada de manera estrecha con estas prácticas. Las sanciones han sido insignificantes o no han existido. Pese al ejemplo excepcional del forjador de la nacionalidad dominicana, Juan Pablo Duarte.

Tras el descabezamiento del Gobierno de Trujillo en 1961, República Dominicana vivió bajo la égida de tres hombres fundamentales: Balaguer, Bosch y Peña Gómez. Ninguno hizo fortuna.

Balaguer no dudó en utilizar diversos recursos para ejercer y consolidar su poder. Nadie ha olvidado sus aseveraciones sobre la “ración del boa”, los “trescientos nuevos millonarios” surgidos en sus gobiernos y que “en la puerta de su despacho se detenía la corrupción”. Personalmente, el dinero le era indiferente.

A finales de la década de los noventa, el paradigma universal sufrió una tajante mutación con la caída de la Unión Soviética. El capitalismo, que nació sudando sangre y lodo, dejó a un lado sus pretensiones del “estado de bienestar” y retornó a la práctica salvaje de la ganancia y la acumulación licenciosa de riquezas.

Nadie ignora lo que ocurrió en la República Dominicana en esos tiempos y la entronización de conductas depredadoras que se han prolongado hasta el presente. No obstante, es evidente que grandes cambios ya están en ciernes y, si la clase política dominicana no los asume, los acontecimientos le propinarán golpes letales.

En América y Europa ha cambiado la percepción. La nueva aristocracia es vigorosamente cuestionada. Las transformaciones de las últimas décadas han incrementado los males tradicionales y la deshumanización, es evidente.

El fantasma de la guerra global asoma en el horizonte. Millones de refugiados procuran alcanzar Europa y Estados Unidos en travesías suicidas. El terrorismo muestras sus garras ensangrentadas. Hay guerra en Siria, Irak, Libia, Yemen. Los pactos comerciales favorecen a las corporaciones y golpean a ciudadanos que pierden sus empleos y estatus.

Las condiciones de vida para las mayorías empeoran. Crece la deuda externa y la miseria. La droga se enseñorea y la delincuencia y la criminalidad parecen incontrolables.

En este contexto, nuestra clase política se encuentra en la vital necesidad de reinventarse. Abandonar la burbuja de bienestar, indiferencia, enriquecimiento y apatía. Si no lo hace, es probable que los acontecimientos la desborden y entonces comenzará la época de los golpes de pecho y el crujir de dientes.

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