Escuchar la voz que clama



Con la experiencia de 70 años del Banco Central y la Superintendencia de Bancos, más aciertos que errores y ejerciendo funciones con rango constitucional en materia de política monetaria y supervisión, aquí no cabe discusión sobre qué instancias estatales deberían regular a las cooperativas, intermediarios financieros que ya administran fondos por más de RD$98,000 millones, casi el 7 % de los activos del sistema financiero.

Sin afectar su naturaleza ni crear costos adicionales que las hagan inviables, estas organizaciones entrarían de esa manera a la nueva era económica y financiera, manejando mejor y con sentido evolutivo los riesgos de un mundo cambiante, global, competitivo, interconectado y marcado por la innovación, que hasta impone normativas sin fronteras relacionadas con el manejo de dinero.

La organización AIRAC –que por cierto ya debería cambiar su nombre, dado que el 80 % de la población es urbana y la economía no está anclada en la “ruralidad”- ha dado el frente favoreciendo públicamente una reforma que coloque a las cooperativas bajo la égida reguladora de la Junta Monetaria.

Interpreto que la petición no solo parte de los fundamentos técnicos y el “know how” del Banco Central, sino de mejores prácticas certificadas y actualizadas, muy diferente al actual “regulador”, el Idecoop, que para mí es un lagarto disecado en el tiempo, una dación en pago de favores políticos reservada para aliados en procesos electorales.

Un sector en expansión como las cooperativas, que mantiene buena imagen gracias a la autorregulación y el autocontrol de muchos de sus entes, tiene demasiado que perder si permanece “supervisado” en forma rudimentaria, bajo métodos –si cabe la palabra- no estandarizados y condicionados por los caprichos, las apetencias y el sentimiento del funcionario de turno.

AIRAC, que aglutina cooperativas con más de RD$50,000 millones en activos, debe ser no sólo felicitada por la valentía de demandar en público regulación y supervisión técnicas –actitud que eleva su apego a la transparencia en el manejo de recursos de terceros- sino que merece recibir respaldo irrestricto de la Autoridad Monetaria y Financiera.

Otro segmento del sector –con apoyo político- apuesta por una Superintendencia de Cooperativas – que sería algo así como un Idecoop con traje nuevo, más complejo y grande en oportunidades para prodigarse con los polítiqueros a sus anchas, generando duplicidades, cuotas de poder y gastos innecesarios que pagamos los contribuyentes.

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