Sábado, 18 de agosto, 2018 | 5:14 pm

Ciencia ciega vs. Ciencia lúcida (II)



SANTO DOMINGO.- El azar y una buena intuición cambió mi vida en mayo del 1982. Tenía en curso una tesis de licenciatura que me fascinaba, pero el jesuita que me la asesoraba decidió salir de la vida religiosa y me quedé sin asesor. Buscando a otro, jesuita también, me propuso un tema totalmente diferente, y como los estudiantes que nos destacamos desarrollamos el síndrome de “estar bien con el profesor”, acepté comenzar desde cero y esa tesis cambió radicalmente mi manera de entender la realidad hasta el presente.

El autor que estudié en mi tesis resultó ser Levinas y la gran intuición fue: todo se explica a partir de la apertura de nuestro ego a los otros, Descartes estaba totalmente equivocado.

La filosofía, la literatura, la música y la ciencia, son formas altamente sofisticadas de relacionarnos y servir a los otros. Son de las diaconías más elevadas que hemos alcanzado como especie, basadas en la razón, la estética y el escepticismo. No es casual que las dictaduras, y los fundamentalismo ideológicos y religiosos, tengan estas cuatro actividades como blanco de sus deseos de controlar y en muchos casos suprimir. Es una lucha entre la oscuridad del poder y la lucidez de lo humano.

Cuando el capitalismo, como sistema económico basado en la codicia, intenta mercantilizar lo que producen los filósofos, literatos, músicos y científicos, está erosionando la calidad de vida de los seres humanos y atrofiando el desarrollo de nuestra especie. El conocimiento y la sensibilidad es patrimonio de todos.

David Alvarez

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