Domingo, 19 de agosto, 2018 | 2:27 pm

A Edith, Altragracia y Nieves



“…Porque las cosas no se aclaran nunca con el olvido ni con el silencio”, Pablo Neruda, Versainograma a Santo Domingo.

No sabemos exactamente quién dio la orden, pero fue un golpe artero a la decencia en la televisión del país. Una provocación, un gambito que logró su objetivo inmediato: sacar del aire a tres voces valientes y autorizadas de las pocas que le quedan a la decencia en los medios locales.

Como si se tratase del dueño del colmadón en cualquier barrio de la parte alta donde los fines de semana se vende cerveza “por un tubo”, el gobierno no está satisfecho con tener las bocinas más caras y ruidosas, sin importar las consecuencias para la comunidad; le molesta que haya voces distintas, aunque suenen menos, y en la medida de lo posible presiona de uno u otro modo para acallarlas.

Ignoran que, como decía una exministra, los periodistas –cuando son responsables y no complacientes-, como es el caso de Edith Febles, Altagracia Salazar y Ricardo Nieves, se convierten en los mejores asesores de los funcionarios que quieren hacer las cosas bien.

Los periodistas y los medios de comunicación responsables son una especie de mecanismo de alerta temprana, decía la funcionaria, porque advierten lo que está pasando, y suelen decir lo que precisamente callan los machucadores mediáticos, los asalariados.

Pero aquí andamos manga por hombro. Un incondicional recibe beneficios que superan a los de cualquier director de medio, sea a través de la nómina o de sobres o mediante contratos exorbitantes como si fueran científicos de la NASA.

Es cierto que la mayoría de los periodistas bocinas no pasan de ser auténticas lacras, pero también los hay muy buenos. Pero es como el glotón, que no se satisface con nada, siempre quiere más y más. Y no faltan quienes actúan como las ratas, que orinan y defecan sobre aquella porción del plato que no pueden comer, para que nadie más la aproveche.

Con el caso de Edith Febles, Altagracia Salazar y Ricardo Nieves no gana nadie. Todos perdemos, incluso aquellos que presionaron o provocaron su renuncia de CDN.

Una pena, porque si algo hace falta en este país es precisamente la existencia de voces a quienes ni el miedo, las ventajas coyunturales, ni la censura impidan señalar los males que nos afectan como sociedad.

El gobierno, el canal o quien sea que haya presionado, ha ganado una batalla, pero la verdad es que como ha dicho el padre Mario Serrano, director ejecutivo del Centro Montalvo, “el país ha perdido un espacio de periodismo crítico, veraz, con apego a la ética, y comprometido con los mejores intereses del país”.

Se ha perdido una batalla, es cierto, pero hay que seguir luchando por un mejor país, por una sociedad más decente, más justa y más humana.

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