Un Defensor del Pueblo platinum

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Carlos Salcedo

Refiriéndome a la designación del Defensor del Pueblo, en septiembre de 2020 escribí un artículo titulado “Un Defensor del Pueblo de oro”.

Reconocía entonces que, desde su puesta en operación, la doctora Zoila Martínez había sido la Defensora del Pueblo, demostrando gran dedicación para que esta institución sirva de promoción, protección y defensa de los derechos fundamentales individuales, colectivos y difusos reconocidos en la Constitución.

Con la creación de este importante órgano, el Congreso Nacional cumplió su primera obligación. Con el nombramiento de doña Zoila ese “niño” se crió, se desarrolló y se dio a conocer, evidenciando que las instituciones democráticas deben ser transparentes y manejadas con integridad.

A pesar de las dudas del sesgo político en el proceso de selección del nuevo, el país ha podido respirar nuevamente tranquilo, pues, al frente de la Defensoría del Pueblo, los actores políticos permitieron la designación de un profesional de altísimas calificaciones, aptitud y experiencia y de gran reciedumbre ética, como lo es Pablo Ulloa.

En septiembre indicaba que el Congreso debía ver con ojos clínicos y oídos de tísicos a los candidatos, para elegir quién continuara la labor de consolidación de la Defensoría del Pueblo para que, con compromiso compartido, pudiera ganar en validación ciudadana y respeto de las autoridades. Eso hizo el Congreso.

La autoridad del Defensor del Pueblo descansa en su reciedumbre moral, la mirada de equipo y su alta eficiencia y, con ello, de pronta respuesta a los reclamos ciudadanos y de segura obediencia de las autoridades.

En Pablo Ulloa y sus adjuntos está ahora el pandero. Tomar lo bueno que hizo doña Zoila y sus adjuntos, fortalecer y expandir la institución son sus mayores retos. Es a ti, Pablo, y a quienes te acompañan, a quienes pediremos cuenta. Cada derecho amparado asegura la firmeza y buen nombre de la entidad, sin cuyo vigor se desvanecería. No se distraigan.

Pablo, a quien más tiene más se le pide. Lo tienen todo para hacernos orgullosos de la institución. Más que un Defensor del Pueblo de oro, eres de platinum.

Atrás quedan las excusas para no hacerlo extraordinariamente bien. No para buscar aplausos, sino para cumplir la sagrada misión que les ha sido encomendada a favor de los derechos.

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