Lunes, 20 de mayo, 2019 | 12:22 am

Restructuración del Consejo Nacional de la Magistratura



“…Nos comprometemos con apoyar y promover la restructuración del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), para desmontar la estructura que actualmente permite al partido gobernante nombrar los jueces de su conveniencia en las altas cortes”.

Fue otro de los compromisos asumidos el día que presentamos nuestra candidatura.

Actualmente la conformación de ese órgano permite al partido de gobierno, y particularmente al Presidente, poner en las altas cortes a jueces serviles. Procurando impunidad para él y los suyos.

Ocho son los miembros del CNM: el Presidente (quien lo preside, y que en caso de empate su voto vale doble), el procurador general (que lo nombra el Presidente), el presidente de Senado (del mismo partido que el Presidente), el presidente de la Cámara de Diputados (del mismo partido que el Presidente), un diputado y un senador del partido que represente la segunda mayoría, el presidente de la Suprema Corte de Justicia y otro juez de esa misma corte.

El Presidente tiene cuatro de ocho, más su voto doble en caso de empate. Puede imponer lo que le dé la gana. Más aun si no tiene escrúpulos ni vergüenza.

El CNM designa a los jueces del Tribunal Constitucional, del Tribunal Superior Electoral y de la Suprema Corte de Justicia. Con la designación de “sus” jueces, el Presidente, además de tener “su” Congreso, domina los tres poderes del Estado, pasando de la democracia al autoritarismo (lo que tenemos actualmente).

Por eso modificar la actual conformación del CNM es un paso imprescindible para que pueda haber democracia real en la República Dominicana.

Los gobernantes dominicanos, en su generalidad, han convertido el Estado en una máquina de acumulación de poder y privilegios, en lugar de hacer del Estado un instrumento de garantía de derechos.

No olvidemos, podemos ser presidentes algún tiempo, pero somos ciudadanos el resto de nuestras vidas. En lugar de acumular poder en el Palacio, vamos a darle más poder al pueblo.

Esa es la verdadera garantía de que no solo unos pocos vivirán bien, sino que todos tendremos una vida mejor.

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