Domingo, 15 de septiembre, 2019 | 2:45 pm

PLD enfrenta el dilema de pactar o perder

Disputa. La imposición de la reelección abriría el camino a la salida de Leonel; mantener “nunca jamás” sentaría a danilistas.

Leonel Fernández y el presidente Danilo Medina encabezan simpatías dentro de  PLD.  archivo
Leonel Fernández y el presidente Danilo Medina encabezan simpatías dentro de PLD. archivo


SANTO DOMINGO.-En sus ya cumplidos 45 años de existencia, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) no ha estado exento de amagos de división, pero nunca como ahora esa posibilidad se hace tan latente en medio de una lucha fratricida entre Danilo Medina y Leonel Fernández.

Lo cierto es que más allá de las poses para las cámaras fotográficas o de televisión de esos dos líderes, en las escasas reuniones que ha podido celebrar el Comité Político en los últimos dos años, las confrontaciones amenazan seriamente la permanencia en la dirección del Estado que ostenta desde 1996, con excepción del período 2000-2004.

El problema radica en que, en medio de la profundización de los enconos, las partes no ceden en sus posiciones. Mantienen la lucha, de un lado Medina, que de acuerdo a sus seguidores representanta la única carta de triunfo peledeísta para ganar en primera vuelta los venideros comicios, pero que mantiene el silencio en torno a si propiciaría una reforma constitucional para superar el escollo que le imposibilita postularse nuevamente; y por el otro Fernández, que procura retornar al poder, luego de dirigir los destinos de la nación durante tres periodos.

Los dos líderes se juegan su futuro político en la actual coyuntura, ya que en el caso de Medina, de 67 años de edad, quedaría “jubilado políticamente” si no se produce la reforma constitucional que lo habilite para la candidatura a la Presidencia de la República; y Fernández, con 65 años, quien, de no encabezar la boleta morada, entonces perdería fuerza para futuros procesos.

En medio de esas confrontaciones se dejaría vulnerable el PLD, que de no producirse un pacto se vería expuesto a una división y, por vía de consecuencia, a ser desalojado del poder tras haber gobernado 20 de los últimos 24 años.

Escenario complejo

El partido morado se encuentra ante un escenario complejo, en el que se requiere, necesariamente, que Medina y Fernández se entiendan mutua y sinceramente en el propósito de garantizar una nueva victoria electoral peledeísta.

Una eventual reforma constitucional para favorecer la reelección del mandatario provocaría que Fernández busque la Presidencia de la República en boletas de agrupaciones de las que conforman el Foro Permanente de Partidos Políticos, significando una división partidaria.

Pero, de igual modo, si los “leonelistas” presionan la “jubilación política” del guía y mentor de los “danilistas”, estos podrían “cruzarse de brazos” y, con ello, facilitar el triunfo de la oposición.

Ambas corrientes políticas recurren a sus mejores armas. Mientras los “leonelistas” afirman que la mayoría de la población rechaza la reelección, los “danilistas” proclaman que su candidato constituye la única carta de triunfo.

Riesgos de derrota

Una eventual derrota del PLD en los venideros comicios, devendría en grandes perjuicios para la organización política fundada por el profesor Bosch el 15 de diciembre de 1973.

Entre las consecuencias negativas estaría el que una parte de la militancia que labora en puestos de la Administración Pública los perdería con un cambio de mando en la dirección del Estado.

Pero lo peor para los intereses del partido morado estaría en que una victoria de oposición traería más circo que pan en un inicio de un eventual mandato, accionando en la Justicia expedientes de supuestos actos de corrupción, independientemente de que tuvieran o no fundamento jurídico.

El peledeísmo, además del Poder Ejecutivo, tiene control del Congreso, lo que permite una mayoría en el Consejo Nacional de la Magistratura, órgano que escoge los jueces de la Suprema Corte de Justicia y las otras altas cortes.

Un pecado latente

Historia de las crisis
—1— Líder único
Tradicionalmente el PLD siempre tuvo un líder y ahora tiene dos.
—2— Primera crisis
Luego de su primera participación electoral en 1978, el entonces secretario general Antonio Abreu renuncia.
—3— Segunda crisis
En 1982 Rafael Alburquerque, que había sustituido a Antonio Abreu, prácticamente es obligado a renunciar por contradicciones con Juan Bosch.
—4— Tercera crisis
En 1992 el ala sindical del PLD desoye la línea con relación al Código de Trabajo y Nélsida Marmolejos es expulsada. Max Puig y once diputados renuncian.
—5— Cuarta crisis
Leonel y Danilo se enfrentan por la reforma constitucional que restablece la reelección para favorecer a Danilo.