La ruta hacia el delito: lo que ocurre antes de que un joven llegue al expediente policial

  • Casos recientes vuelven a poner la mirada sobre jóvenes involucrados en hechos violentos.- Familia, escuela, amigos y entorno pueden marcar el rumbo de un joven mucho antes de que aparezca el delito.

Delincuencia

Santo Domingo .- El expediente policial comienza cuando ocurre el delito. La historia, sin embargo, puede haber empezado muchos años antes.

Un adolescente de 16 años figura entre los cuatro señalados por la muerte a tiros de un hombre y una mujer, ocurrida el 26 de septiembre en la avenida marginal de Las Américas, en La Caleta, Boca Chica. Según la investigación preliminar, el hecho estaría relacionado con rencillas personales.

La ruta hacia el delito: lo que ocurre antes de que un joven llegue al expediente policial

El menor fue apresado mediante orden judicial junto a otro señalado, de 24 años. La Policía sostiene que ambos fueron captados en video junto a otros dos hombres, de 19 y 23 años, desplazándose en motocicletas y disparando contra las víctimas. Los otros dos son buscados mientras continúa la investigación.

La pregunta que deja el caso no se limita a qué ocurrió aquel día. También obliga a mirar hacia atrás: ¿cómo llega un adolescente de 16 años a estar señalado en un hecho violento?

El fenómeno se construye antes

Para los especialistas consultados, no existe una persona que nazca predestinada a delinquir.

“No hay en el mundo ningún niño que nazca siendo antisocial, delincuente”, sostiene el psiquiatra y psicoterapeuta Secundino Palacios, quien explica que la conducta antisocial se construye mediante la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales y espirituales.

La psicóloga clínica María Grullón, especialista en Psicología Jurídica y Forense, también rechaza la idea de un supuesto “cerebro delincuente”.

La ruta hacia el delito: lo que ocurre antes de que un joven llegue al expediente policial

Puede haber factores que predispongan a determinadas conductas, explica, pero estos no determinan por sí solos que una persona termine delinquiendo.

La trayectoria puede estar marcada por múltiples circunstancias: violencia familiar, abandono, negligencia, falta de supervisión, presión de pares, referentes inadecuados y comunidades donde determinadas conductas terminan normalizándose.

Pero los especialistas hacen una precisión importante: una familia monoparental, la pobreza o que los padres trabajen no convierten automáticamente a un niño en delincuente.

“Insisto, una buena comunicación, límites claros, reglas claras”, plantea Grullón al referirse a los elementos que pueden funcionar como protección.

La primera estación: el hogar

Palacios identifica tres espacios fundamentales en la formación de una persona: familia, escuela y sociedad.

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“El primer lugar es la familia. Segundo, la escuela. Tercero, la sociedad”, explica.

En el hogar se construyen las primeras nociones de respeto, responsabilidad, límites y convivencia.

Grullón pone el foco en la calidad de los vínculos y plantea preguntas que, a su juicio, ayudan a entender el lugar que ocupa un niño dentro de su familia: “¿Seré escuchado? ¿Soy importante en esta familia? ¿Mi opinión es tomada en cuenta? ¿Cuál es mi rol aquí?”.

También advierte sobre hogares donde pueden coexistir violencia psicológica, física o sexual, abandono o negligencia.

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En cambio, un entorno donde existen afecto, supervisión, reglas claras y límites consistentes puede ofrecer herramientas para enfrentar la presión externa.

“Usted no es el mejor amigo de su hijo, usted es su papá”, recordó Grullón durante la conversación, al cuestionar el modelo de padres que renuncian a su papel de autoridad para intentar convertirse en amigos de sus hijos.

De la casa a la calle

Lo que comienza en la familia continúa en la escuela y después en la comunidad.

Palacios advierte que un niño puede salir del hogar y encontrar una escuela y una sociedad que refuercen los valores aprendidos, pero también puede encontrarse con violencia, pandillas, armas y drogas.

“Si llegas a las calles y lo que encuentras es pandillas, armas, violencia, lenguaje… es muy distinto a si llegas a las calles y encuentras clubes, música, arte, bondad, amor, solidaridad”, sostiene.

La pertenencia también juega un papel.

Grullón explica que algunos jóvenes pueden sentirse atraídos hacia personas o grupos que les ofrecen reconocimiento, protección, afecto o identidad.

“Si tú vienes de un sistema donde esa forma de convivencia, esa comunicación, esas dinámicas de vida eran parte de tu cotidianeidad, ¿qué vas a buscar?”, plantea.

No significa que todo joven expuesto a dificultades termine delinquiendo. Significa que los vínculos y los referentes pueden convertirse en factores de protección o de riesgo.

Una generación joven frente a hechos violentos

Los casos recientes muestran la presencia de personas muy jóvenes en investigaciones y enfrentamientos relacionados con hechos violentos.

En septiembre, Wender Alcántara, alias “El Compa” o “La Muerte”, tenía 19 años cuando murió durante un enfrentamiento con agentes policiales. Las autoridades lo vinculaban con el ataque ocurrido en Los Coquitos, Boca Chica, donde murieron Diddy Glow y Jonathan Villanueva y otras cinco personas resultaron heridas.

En ese mismo contexto murieron Deivi Rosado Durán, alias “El Gordo” o “El Fantasma de Guindo”; Michael Junior Rodríguez Peguero, “Michael Peluche”, y otro hombre identificado como “Enger”.

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Las autoridades los vinculaban con la investigación del ataque de Boca Chica. En las informaciones consultadas no aparece publicada de forma verificable la edad de Rosado Durán, Rodríguez Peguero ni “Enger”, por lo que ese dato debe omitirse.

En otro caso, Johan Manuel Familia, alias “Sin Luz”, tenía 22 años cuando murió durante un enfrentamiento con agentes en Invivienda. Según informó la Policía, era buscado por su presunta implicación en un homicidio, varias tentativas de homicidio y otros hechos delictivos.

El 28 de septiembre, Neyfi Then Monegro, alias “La Parita”, de 29 años, murió tras un enfrentamiento con agentes en Maquiteria. Según la Policía, era buscado mediante órdenes de arresto por dos asaltos a mano armada.

Otro caso vuelve a colocar a los jóvenes en el centro. Entre los cuatro imputados por el asesinato de Zeneida Socorro Castillo, esposa del merenguero Julián Oro Duro, figura Lawrence Mark Liranzo Marcos, “Chiquito”, de 18 años, mientras Kevin Dariel Germán Troncoso, “Yandel”, tenía 23 años.

La investigación atribuye a los cuatro distintos niveles de participación, extremos que corresponden determinar a los tribunales.

Cuando el expediente ya existe

El caso de Joshua Fernández, de 19 años, muestra otra dimensión de esta problemática: cuando la violencia ya ha desembocado en un proceso judicial y existen responsabilidades establecidas por sentencia.

Joshua murió de un disparo el 16 de abril de 2023, durante un atraco ocurrido en las afueras de una discoteca del ensanche Naco.

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Para dimensionar la edad de los involucrados, Wesly Vicent Carmona, “El Dotolcito”, tenía 19 años al momento del hecho; él mismo declaró posteriormente que había cumplido los 19 mientras estaba preso Luis Brito Troncoso, “Luisito”, tenía 29 años cuando fue detenido en mayo de 2023.

En cuanto a Alison de Jesús Pérez Mejía, “Chiquito”, las fuentes consultadas sobre el proceso no ofrecen de manera consistente una edad al momento del hecho, por lo que no incluiría una cifra sin respaldo.

En abril de 2024, el Segundo Tribunal Colegiado del Distrito Nacional condenó a Chiquito a 30 años de prisión, Luisito a 20 años y el Dotolcito a 15 años. La sentencia estableció responsabilidades diferentes para cada uno.

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La Corte de Apelación posteriormente confirmó las condenas.

Este caso permite hacer una conexión más precisa con el eje del reportaje: Joshua tenía 19 años; uno de los condenados también tenía 19 años y otro 29 cuando ocurrió el hecho.

La edad, sin embargo, no explica por sí sola la conducta. Es precisamente ahí donde cobra importancia la pregunta de los especialistas sobre qué ocurre durante los años que preceden al expediente policial.

La respuesta comienza antes

Para Palacios, la prevención no puede descansar únicamente en la Policía, la Justicia o los organismos de seguridad.

“Esto no es un problema de Luis Abinader, o del Ministerio de Salud, o del presidente que se fue, o del presidente que viene”, sostuvo.

A su juicio, la construcción de ciudadanos involucra a la familia, las escuelas, las iglesias, los clubes, las instituciones y los distintos sectores de la sociedad.

Grullón coincide en que no se puede colocar toda la responsabilidad sobre la familia. El punto, plantea, es identificar los factores de riesgo y protección antes de que aparezca el delito.

“¿Quién lo escucha? ¿Quién establece límites? ¿Quién detecta una conducta de riesgo? ¿Quién interviene cuando aparecen las primeras señales?”, son preguntas que resumen el desafío preventivo.

El expediente policial registra el momento en que una conducta llega a convertirse en un caso.

Pero la formación de esa conducta puede haber comenzado mucho antes, cuando todavía no había armas, patrullas ni tribunales: en la casa, en la escuela, en el grupo de amigos y en la necesidad de pertenecer.

La prevención, por eso, no consiste únicamente en reaccionar frente al delito. Consiste en intervenir cuando todavía hay tiempo para que un niño o adolescente encuentre otros referentes, aprenda a manejar el conflicto, establezca vínculos seguros y desarrolle la capacidad de decir no ante una conducta que puede cambiar el rumbo de su vida.

Sobre el autor

Katherine Espino

Katherine Nicole Espino Cuevas. Periodista, locutora profesional y CMM. Máster en Comunicación Política Avanzada por Next Educación (Madrid). Amante de la escritura bien hecha, las historias con sentido humano y las causas sociales. Creo en la comunicación con propósito, en los valores y en la fe que transforma.