Miércoles, 15 de agosto, 2018 | 8:51 am

Me gusta ser mujer



Todas y cada una de las veces en las que analizo mi condición de mujer llego a la misma conclusión: la naturaleza acertó. Me gusta la piel que habito. ¿Por qué? Por muchas razones y todas totalmente personales, de Ana Blanco, de nadie más.

Ahora, como ser humano que soy estoy en contra de cualquier acción que considere injusta. Siempre he dicho que para mí una persona es mala por lo que hace, no por quien es.

Y resulta que he conocido a la mujer más machista y al hombre más feminista.

No me gusta poner títulos. Nadie es totalmente algo, porque entonces se convierte en radical y estos no piensan, no dialogan y al final lo único que consiguen es eternizar aquello por lo que luchan.

Creo en las personas que no solo hablan, sino que actúan, pero lo hacen desde el respeto a las diferencias y con el absoluto convencimiento de que su opinión es tan válida como la de quien no piensa igual.

Es cuestión de encontrar el punto de entendimiento, siempre lo hay.

No quiero la igualdad con los hombres, no quiero ser mejor y mucho menos ser peor que nadie. Quiero tener las mismas oportunidades, simplemente, para poder ser desde mi condición de mujer mi mejor versión.

No tolero la intolerancia, el abuso, el adoctrinamiento, la manipulación, la imposición, la discriminación… de ningún tipo.

Creo en las mujeres y en los hombres que luchan por el respeto, que no juzgan por un género, una apariencia, una nacionalidad, sino que son capaces de ver lo que hay por dentro y, lamentablemente, no siempre es bueno.
Tengo un hijo varón.

Cada día escucho de su boca afirmaciones machistas y actitudes hacia las niñas que disparan mi alarma. Y de las niñas de su entorno que todavía me preocupan más. Intento transmitirle el respeto profundo y que no caiga en juzgar a alguien por ser y no por lo que hace.

Es una lucha diaria. Y ese es el aporte que trato de hacer para el futuro, criar un hombre que intente ser la mejor versión de si mismo y sea capaz de permitir que quien camine con él también lo intente, sea mujer, gordo, blanco, negro… cualquier adjetivo que nos sirve para sentenciar a alguien sin darle a la oportunidad que se merece. ¿Cuál es? Exactamente la misma que tú, que yo y que mi hijo. Ahí esta la igualdad.

Ana Blanco

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