Lunes, 24 de septiembre, 2018 | 5:51 am

La maldad no tiene razas



Dos hechos recientes nos llevan a reflexionar sobre las caras del racismo latente en nuestra cultura y más allá de nuestras fronteras.

El asesinato de un niño por una dominicana en España, además de la solidaridad y la movilización social que despertó, destapó también el odio racial.

El sentimiento de muchos nacionales de aquí y que viven en la Madre Patria es que no podía ser dominicana la asesina despiadada que, con saña, mató al hijo de su pareja y luego lo lloró frente a las cámaras de televisión como si hubiera perdido al fruto de sus entrañas.

En los días pasados también presenciamos en Pedernales la sublevación contra la comunidad haitiana por el asesinato de dominicanos.

Con un plazo de 24 horas, y bajo amenazas de muerte, cientos de haitianos dejaron la ciudad para proteger su integridad.

Las reacciones frente a la maldad van desde el dolor, la empatía y la solidaridad hasta la violencia y la venganza extrema. Pero, tenemos que recordar que la maldad no tiene raza.

Los hechos criminales de una persona no pueden llevar a estigmatizar un pueblo y a exacerbar el odio.

La maldad es humana. Un alto porcentaje de seres humanos puede ser potencialmente malo bajo ciertos estímulos sin importar si es blanco o negro, del norte rico o del sur pobre.

Ya lo demostró el Holocausto judío , y más recientemente Stanley Milgram con un experimento que convirtió en torturadores al 65 % de honorables profesores influenciados por el bajo rendimiento de sus alumnos.

La maldad de unos pocos no puede convertirse en el racismo de muchos. Tenemos que educar contra esa lacra al igual que luchamos contra la criminalidad.

El 21 de marzo se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.

En dicha conmemoración se exhorta a la humanidad a promover la tolerancia, la inclusión, la unidad y el respeto por la diversidad para combatir la discriminación.

Recordemos que el racismo, la xenofobia y la intolerancia son problemas comunes en todas las sociedades. La nuestra no es la excepción.

Altagracia Suriel

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