La dicha de ser madre



El primer abrazo llegó de Francis Manuel, el madrugador cuando no le toca ir a clases; seguido por las felicitaciones de Gabriel, siempre con cara de Don Juan, me besó y dio un fuerte abrazo diciendo “te amo mamá”; mientras que las felicitaciones de Oliver Ernesto llegaron con una carta a través de Facebook, pues los domingo para él “no se madruga” y yo debía trabajar.

A pesar de que, al momento de escribir estas líneas, no hemos celebrado con propiedad el Día de las Madres, no puedo decir que estoy triste por ello, pues sé que el amor de mis hijos no tiene fecha, hora o lugar.

Desde que llegaron a mi vientre hasta la fecha, la alegría  de ser madre nunca me ha abandonado y doy gracias al Creador por regalarme a tres ángeles que han guiado mis pasos y dado tanta felicidad a mis segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años.

Más que regalos costosos en una fecha determinada, lo que  me provoca mayor alegría es recibir los dibujos de Francis Manuel cuando menos me lo espero, donde nos pone a todos, incluida su abuela María Mercedes, mi adorada madre, agarraditos de las manos; o despertar a Oliver y Gabriel para empezar la rutina escolar y sentir como sus manos toman la mía para abrazarme y decirme “te quiero mamá”… esos son los pequeños momentos que son grandes en mi vida.

Ser madre e hija son las mayores satisfacciones, no por lo que doy, sino por lo que recibo.

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