El liderazgo transformador del Papa



Los nuevos tiempos demandan cambios a todos los niveles. La Iglesia católica no es la excepción. Adaptar su mensaje al mundo de hoy, más que una necesidad, es su supervivencia.

Los líderes son los gestores del cambio. El papa Francisco es un ejemplo de liderazgo transformador. Es el líder mejor valorado del mundo. Su estilo cercano y sin formalismos inútiles sigue enamorando.

Su liderazgo arrastra por su ejemplo. Muestra coherencia entre lo que dice y lo que hace. Predica la humildad y la practica. Usaba el metro siendo Cardenal y anda en un Fiat ahora que es papa. Desechó la suntuosidad asociada al papado prefiriendo condiciones acordes a una vida frugal.

Su llamado a la austeridad, a dejar el lujo, el lucro y la vanidad es una insistencia continua a los religiosos. Nos exhorta a todos a superar el individualismo y a evitar el apego a las riquezas que inducen a la corrupción del corazón y de la mente. Declaró el Año de la Misericordia para los fieles pero fue el primero en acoger a los indigentes, llegando incluso a acondicionarles duchas para la higiene. Para él no es suficiente hablar, hay que hacer.

Los discursos vacíos convencen poco. La cercanía del papa Francisco lo hace un verdadero pastor en el sentido evangélico. Busca las ovejas, no las juzga.

Sus mensajes sintonizan con la realidad de la vida misma, con los problemas de la gente: la educación, la familia, las frustraciones y el dolor. Su exhortación apostólica “Amoris Laetitia” invita a fortalecer el matrimonio con el amor de día a día basado en la paciencia, la actitud de servicio, la amabilidad y la confianza.

El camino de la felicidad que propone es crear armonía en los hogares, puestos de trabajo y en todo lo cotidiano. Una apuesta por el cambio de adentro hacia afuera que recuerda la famosa frase de Gandhi: “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

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