El Comité Político y el poder no delegado

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El poderoso Comité Político del Partido de la Liberación Dominicana se ha constituido de facto en la máxima estructura de decisión de los órganos de dirección del Estado dominicano, asumiendo un poder que se distancia de la concepción de la democracia heredada de los grandes pensadores de la Ilustración y que fue el motor de la Revolución Francesa.

Cuando Jean Jacques Rousseau parió la obra “El Contrato Social” sembró una semilla que germinó en ese trascendental capítulo de la historia de la humanidad, en la que la soberanía cambiaba de capilla y dejaba de estar en la mano de una persona y su corte para pasar a la manos de la población.

Por supuesto, que esa misma obra concebía lo que se conoce como “el poder delegado”, el cual recaía en figuras que representaban la voluntad popular, que en nuestros tiempos se delega a través del voto.

El Comité Político del partido oficialista se encierra y como una corte en sesión decide sobre temas que atañen a toda la ciudadanía y que su discusión ha sido delegada en unos congresistas que con frecuencia confunden de quién es que son delegatarios.

Ese organismo, propio de uno de los tantos partidos del sistema, aunque sea el que tiene más poder, no tiene el derecho de engullirse la separación de los poderes que como mecanismo de contrapeso se dan los propios ciudadanos y que tan magistralmente desarrolla Charles Luis de Secondat, conocido como el Barón de Montesquieu, en su obra “De lésprit des lois” (El espíritu de las leyes).

En esa capilla, donde los presidentes de las dos cámaras del Congreso Nacional asisten en condición de subordinados del Presidente de la República y de quien aspira a volver a serlo (la aclaración semántica hágala usted mismo), están decidiendo a espalda de todos los demás actores asuntos tan importantes como si meter al país completo en un tollo nacional o repartir cuotas entre mujeres y hombres o lo referente a la financiación de las campañas.

Explicar el accionar del Comité Político peledeísta desde la óptica del pensamiento de Rousseau y Montesquieu requerirá de arreglistas capaces de ganarse el Soberano de este año.

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