¿Democracia en deporte?



La lucha por el poder ha generado las peores guerras y genocidios en la historia de la humanidad.

El poder tiene un imán que la casi totalidad de los hombres no pueden abandonar por cuenta propia.

Se tienen que generar movimientos cívicos o armados para desplazar a los que por cualquier medio quieren perdurar, si pudieran, por los siglos de los siglos.

El poder es tan pegajoso, que ha llevado a grandes figuras de la historia a resquebrajar por completo legados de democracia plena, para convertirse en dictadores atroces.

¿Qué misterio tiene el poder que muy pocos después que lo alcanzan quieren abandonarlo?

En todo el desarrollo de la humanidad, el usufructo del poder es la manzana de la discordia, porque como han acuñado dos comentaristas dominicanos: “es mejor estar arriba con presión que abajo con depresión”.

Esa lucha ‘fratricida’ por el poder se da en todos los estamentos, desde el Ejecutivo hasta la más insignificante posición dentro o fuera del Estado.

Se argumenta que cuando se está “arriba” se saborean las “mieles del poder”, las cuales disfrutaron al máximo desquiciados como Calígula, Nerón, Hitler y Trujillo, por solo citar cuatro monstruos.

Un caso de ese tipo se observa en el movimiento deportivo dominicano, conformado por grupos que se han perpetuado en el poder, y sin esperanza de que lo abandonen “motu proprio”.

Los mejores ejemplos son que los dirigentes de clubes, ligas, asociaciones, federaciones y el Comité Olímpico ostentan un poder sin límites y sin oposición, dado que cuando aparece algún signo de hostilidad, automáticamente comienza a rodar cabezas.

Por lo tanto no se debe permitir la perpetuidad de hombres y mujeres en posiciones donde cualquier decisión que tomen puede perjudicar al conjunto.

Sin embargo, hay que admitir que son muchos los que respaldan posiciones dictatoriales o de cualquier índole, con tal de les dejen caer, apenas, alguna “boronita”.

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