Miércoles, 20 de junio, 2018 | 4:46 pm

Compartimos esa preocupación



En el reciente encuentro que sostuvo el presidente Danilo Medina con los directores de los medios impresos del país, externó su preocupación sobre el sistema de partidos de la República Dominicana, cuando manifestó que el mismo se encuentra amenazado.

Consideró que la ausencia de controles, de disciplina, de poseer un concepto de proyecto político, sumado a la falta de democracia y de la capacidad para gerenciar sus procesos internos, colocan a las distintas organizaciones políticas en una situación donde “nadie cree en nadie”.

Estas dolencias partidarias señaladas por el primer mandatario de la nación son compartidas por la mayoría de los dirigentes que nos hemos dedicado a la actividad política y constituyen el tema permanente de conversación cuando coinciden dos o más contertulios.

Siempre sale a relucir en esas tertulias políticas un dejo de desaliento y de impotencia ante el negativo giro que en la actualidad ha dado el accionar partidario, debido a que hoy tiene un escaso valor el trabajo político institucional desarrollado desde los órganos formales de los partidos y no se toman en cuenta las lealtades, los méritos ni las condiciones personales de los dirigentes, ocupando un extraordinario sitial la cantidad de recursos económicos de los cuales se pueda disponer.

A todo esto hay que añadirle la inexistencia de espacios donde se pueda competir en igualdad de condiciones, el congelamiento de las posiciones partidarias y de los puestos electivos o administrativos durante mucho tiempo, los desbordados intereses particulares en detrimento de los intereses colectivos, el grupismo que conduce a que los militantes de un mismo partido se manejen unos con otros como si fueran adversarios, independientemente de la implementación de las nocivas prácticas clientelares, rentistas y patrimonialistas.

Examinados estos elementos podemos entender el porqué se está produciendo sin ningún rubor el transfuguismo político que tanto debilita a los partidos, pues, ante una situación como la descrita prevalece el “sálvese quien pueda”, ya que muchos dirigentes no ven en sus respectivas organizaciones ninguna posibilidad de crecer en las mismas o de cristalizar sus legítimas aspiraciones de alcanzar alguna posición electiva o administrativa en el Estado.

De no tomarse los correctivos de lugar para que varíen las indicadas realidades que en los actuales momentos viven nuestras organizaciones políticas más temprano que tarde el necesario sistema de partidos colapsará en perjuicio de los mejores intereses del país.

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