Martes, 25 de septiembre, 2018 | 12:23 pm

Transhumanismo identitario



El transhumanismo también se concibe como una filosofía de moda, como una utopía del momento, como la cosmovisión propia de la posmodernidad que conlleva un culto a la técnica Diéguez (2017).

Se considera el único gran relato posible tras el descrédito en el que han caído todos los demás, en su pretensión de explicar el mundo y la historia.

Todo ello en nombre del mejoramiento humano, por un lado, y por el otro, el de abrir la posibilidad de construir una especie poshumana, que, aunque descendería de nuestro linaje, será mucho más avanzada y que ha sido ya bautizada con el nombre de “Homo excelsior”.

Esa perspectiva supone en los actuales humanos que, a pesar de las limitaciones actuales, con los avances llegaremos a ser lo que deseemos ser.

Además de que tiene críticos de renombre, como Habermas y otros, que lo confrontan como doctrina tecnocrática y de justificación del sistema político-económico de injusticia y desigualdad impernte, el transhumanismo no es en nada homogéneo.

Destacan la corriente tecnológica, por un lado, que exploran la robótica y la inteligencia artificial, y por el otro, la vertiente tecnocientífica, que investiga en campos como la biología, la medicina y la genética.

Desde su seno se prefigura y pespuntea el poshumanismo, llegado a ser considerado como un transhumanismo cultural o crítico.

Braidotti (2015) ve en el poshumanismo una filosofía de vida colocada más allá del individuo, más allá de la especie y más allá de la muerte.

Aunque no se trate del establecimiento de una relación lineal de causa efecto, esta autora entiende que, para su arribo, el poshumanismo debió haber pasado antes por el antihumanismo arraigado en el pensamiento de mediados del siglo XX, convirtiéndose en un pivote de la reflexión poshumanística.

La generación filosófica de los años sesenta adoptó y practicó posturas antifascista, poscomunista, poscolonial y poshumanista, lo que la llevó al rechazo de la definición de identidad clásica humanista, así como de los argumentos de la racionalidad y de lo universal.

De lo que más debe cuidarse la filosofía de lo poshumano es de las perversidades del capitalismo avanzado. Sin embargo, la crisis de lo humano y del humanismo, en todos los aspectos, constituye la condición ineludible para el advenimiento de lo poshumano.

Desde la postura teorética del postantropocentrismo poshumanista, que implica una toma de distancia radical de las nociones de racionalidad moral, identidad unitaria, conciencia trascendental y valores morales innatos y universales, Braidotti define el poshumanismo como la condición histórica que señala el fin de la oposición entre humanismo y antihumanismo, designando un contexto discursivo diferente, desde el cual se tiene una mirada más propositiva a nuevas alternativas de concepción del ser humano, la sociedad, la identidad, la cuestión de género, las libertades y la sostenibilidad del planeta.

Tiene como punto de partida la muerte del hombre y de la mujer del antihumanismo, los que evidenciaron la decadencia de presupuestos básicos de la Ilustración, especialmente el del progreso de la humanidad por medio de la autorregulación y el uso teleológico de la razón filosófica y la racionalidad científica laica, que presuponía vueltas a la perfectibilidad humana.

Se encuentran así modos alternativos para la construcción de una nueva subjetividad desde lo poshumano.

Frente a la cuestión identitaria, hay que considerar que con estas tendencias estaría en marcha una mutación sociocultural dirigida a establecer una sociedad multiétnica y multimedia, fundada en la desidentificación de las identidades establecidas.

Es un proyecto de orden político, que no descarta un núcleo de naturaleza afectiva, hecha de convicciones, visiones y deseos orientados al cambio de la situación actual del individuo, las comunidades y toda la sociedad.

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